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Cambio de hora en primavera: preguntas y respuestas

Cambio de hora en primavera: preguntas y respuestas

Cuando se acerca el cambio de hora para fijar el horario de verano, vuelven las dudas: ¿por qué adelantamos los relojes?

¿Realmente ahorramos energía? ¿Es malo para la salud?

¿Cuándo se cambia la hora en Estados Unidos?

En Estados Unidos, el gobierno federal no exige a todos los estados o territorios que adopten el horario de verano, por lo que los habitantes de Arizona, Hawai, Puerto Rico, Las Islas Vírgenes, Samoa Americana, Guam y las Islas Marianas del Norte no tendrán que cambiar la hora de sus relojes.

Sin embargo, parece que el cambio de hora provoca algunos problemas.

Por ejemplo, las encuestas llevadas a cabo por la empresa Estadounidense Rasmussen Reports muestran que el 83 por ciento de los encuestados en los últimos años sabían cuándo tenían que cambiar la hora en la primavera. El 27 por ciento, en cambio, reconoció haber llegado tarde o pronto al trabajo al menos una vez en la vida por no cambiar la hora correctamente.

Esto nos hace cuestionarnos, ¿cómo empezó a cambiarse la hora?

¿Cómo se empezó a adoptar el cambio de hora?

Al parecer, Benjamin Franklin, que defendía aquello de «acostarse pronto y levantarse pronto», fue la primera persona que sugirió la idea del cambio de hora, según el autor del libro Seize the Daylight: The Curious and Contentious Story of Daylight Saving Time, David Prerau.

Cuando era embajador en París, Franklin escribió que se levantaba a las 6 a.m. y descubrió, para su sorpresa, que el sol salía antes de lo acostumbrado.

«Imaginemos los recursos que ahorraríamos si saliera antes del mediodía y trabajara menos de noche», escribió irónicamente en un periódico.

«Franklin comprendió lo positivo que sería sacar más rendimiento de la luz natural, pero no sabía cómo hacerlo», afirma Prerau.

Sin embargo, no fue hasta la I Guerra Mundial cuando se implantó esta costumbre. Alemania fue el primer país que adoptó los cambios horarios para reducir el uso de luz artificial y así ahorrar carbón para la guerra. Aliados y enemigos siguieron su ejemplo.

En Estados Unidos, una ley federal estableció el comienzo y fin del horario de verano en 1918 para aquellos estados que decidieran imponerlo.

Durante la II Guerra Mundial el país lo hizo obligatorio para todo el territorio, como una forma de ahorrar recursos para la guerra.

Entre el 9 de febrero de 1942 y el 30 de septiembre de 1945 el gobierno dio un paso más: el horario de verano se estableció para todo el año.

Sin embargo, desde el fin de la II Guerra Mundial, es opcional para los estados, pero el inicio y el final han ido cambiando, y en algunos casos ha desaparecido.

Durante el embargo árabe de crudo (1973-1974) Estados Unidos volvió a ampliar el horario de verano, incluyendo el invierno, y disminuyendo así en un 1% la carga eléctrica del país, según los estudios citados por Prerau.

Treinta años más tarde, se aprobaba la Ley de Política Energética de 2005, que modificaba la fecha inicial y final del cambio de hora, ampliando el horario de verano a partir de 2007.

Pero, ¿realmente se ahorra energía con el cambio de horario?

¿Se ahorra energía?

Durante los últimos años varios estudios han sugerido que el cambio de hora no ayuda a ahorrar energía, y que incluso puede provocar pérdidas.

Hendrik Wolff, economista medioambiental de la Universidad de Washington, es coautor del estudio que se centró en los datos de Australia cuando algunas zonas del país ampliaron el horario de verano para los Juegos Olímpicos de Sydney. Los investigadores descubrieron que se redujo el consumo de electricidad durante las tardes y las noches, pero aumentó el uso de energía por las mañanas.

Por su parte, Matthew Kotchen, economista de la Universidad de California, tomó como ejemplo el Estado de Indiana.

Antes de 2006 solamente 15 de los 92 condados del Estado adoptaron el uso del horario de verano, por lo que cuando se estableció para todo el Estado fue posible comparar el consumo de energía antes y después. De acuerdo con la investigación llevada a cabo por Kotchen para la Oficina Nacional de Investigación Económica en 2008, mientras que el uso de luz artificial disminuyó, aumentó el uso de los aires acondicionados.

Esto se debe a que la hora que añade el cambio de horario a las noches es más cálida, por lo que «si la gente llega una hora antes a una casa en la que hace calor, pondrá el aire acondicionado», afirma Wolff.

De este modo, los ciudadanos de Indiana pagan facturas de electricidad más elevadas que antes de adoptar el horario de verano.

Sin embargo, otros estudios sí demuestran que se ahorra energía.

En un informe redactado para el Congreso en octubre de 2008, el Departamento de Energía de Estados Unidos afirmaba que el cambio de hora permite ahorrar energía.

El horario de verano permitió ahorrar 1,3 teravatios de electricidad. La cifra indica que el consumo anual de electricidad de Estados Unidos se reduce en un 0,03 por ciento y el consumo total de energía en un 0,02 por ciento.

Estos porcentajes podrían parecer insignificantes, pero pueden representar un ahorro muy significativo si se tiene en cuenta el enorme consumo de energía total del país.

Por otra parte, el ahorro en algunas regiones parece mayor que en otras. Por ejemplo, al parecer California se beneficia más del cambio de horario, quizá porque la temperatura suave invita a permanecer fuera de casa hasta más tarde. Según el mencionado informe, con el cambio de hora se ahorraba un 1% al día en ese estado.

Sin embargo, Wolff, que participó en el informe, advierte que las cifras están sujetas a cierta variabilidad estadística y que no deben considerarse datos concretos.

Además, y siempre según Wolf, el ahorro de energía en Estados Unidos depende en gran medida de la situación respecto a la línea Mason-Dixon (el límite de demarcación entre cuatro estados de Estados Unidos).

«El norte sale ganando, porque no utilizan mucho el aire acondicionado. Sin embargo, el sur consume más energía durante el horario de verano».

Cambio horario, ¿bueno o malo para la salud?

Durante décadas, los defensores del cambio de horario han afirmado que, se ahorre o no energía, es bueno para la salud al promover un estilo de vida activo.

«En un estudio sobre el uso del tiempo a nivel nacional en Estados Unidos vemos que durante el periodo en el que se aplica el horario de verano se reduce el tiempo que se pasa delante de la televisión, mientras que aumentan las actividades al aire libre, como pasear, correr o salir al parque», afirma Wolf. «Resulta sorprendente, puesto que el tiempo de luz natural al día sigue siendo el mismo».

Sin embargo, otros advierten contra sus efectos negativos.

Till Roenneberg, experto en cronobiología en la Universidad Ludwig-Maximilians, en Múnich (Alemania), afirma que su estudio demuestra que el ritmo circadiano, determinado por la luz y oscuridad, no se ajusta a la hora «extra» de luz al final del día durante el horario de verano.

«Así, la mayoría de la población sufre un descenso de la productividad y empeoramiento del estilo de vida, y aumenta su vulnerabilidad ante las enfermedades», comenta Roenneberg.

Una de las razones por las que muchas personas del mundo desarrollado sufren cansancio crónico, dice, es que sufren lo que se llama «jet lag social», en otras palabras, los periodos de sueño circadianos no coinciden con los horarios de sueño reales.

«El cambiar la luz natural de la mañana a la noche aumenta esa sensación», afirma.

«La luz no tiene el mismo efecto sobre nuestro cuerpo por la mañana que por la noche. Una mayor luz por la mañana activa nuestro ritmo, lo que es positivo. Sin embargo, la luz por la noche tiene el efecto contrario».

Otras investigaciones sugieren riesgos para la salud más graves.

Un estudio del New England Journal of Medicine de 2008 concluyó que, al menos en Suecia, el riesgo de ataques cardíacos aumenta los días posteriores al cambio de hora de primavera. «La explicación más probable es que se alteran los ritmos biológicos y de sueño», afirma el director del estudio Imre Janszky, del Instituto Karolinska, en Estocolmo.

A favor y en contra

Con tantos pros y sus contras, es normal que el cambio de horario despierte opiniones muy diferentes.

En Reino Unido, por ejemplo, el movimiento Lighter Later, parte de la iniciativa 10:10 que defiende la reducción de las emisiones de carbono, propone que, en vez de una hora, los relojes se adelanten dos.

Sin embargo, los responsables de Standardtime.com quieren suprimir el horario de verano. Afirman que no está probado que se ahorre energía y defienden que «si es verdad que ahorramos energía, deberíamos estar todo el año con este horario. En caso contrario, ¡suprimámoslo!».

Pero entonces, ¿no todo el mundo disfruta de esa hora extra las noches de verano? Parece que no está claro.

Una encuesta de Rasmussen Reports efectuada en la primavera de 2010 y el otoño de 2009 sacó la misma conclusión. El 47 por ciento estaba de acuerdo en «que el cambio de hora no merece la pena», frente al 40 por ciento.

Sin embargo, Prerau defiende que la mayoría sí está de acuerdo y disfruta con el horario de verano.

«Creo que el primer día del cambio de hora es como el primer día de la primavera para mucha gente», comenta. «Es la primera vez que tienen más tiempo después de trabajar para disfrutar del clima».

«Creo que si le preguntáramos a la gente si les gusta tener una hora extra de luz natural por las noches durante ocho meses al año, la respuesta sería afirmativa».

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