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Cacho Castaña: “Yo le tiraba minitas a Menem”

En terapia

Luego de superar trances muy duros de salud, el cantante se confiesa en el diván del doctor Abadi: “Habré hecho macanas en la vida, pero no tan jodidas”. Y dice que salió definitivamente de las drogas.

Cacho Castaña: Cacho Castaña en diálogo con el doctor Abadi / Gustavo Castaing.

Cacho, ¿dónde componés?

En cualquier lugar, Por ahí, una madrugada me despierto escuchando orquestas violines, medio loco. La llamo a mi mujer y le digo: “¿Vos escuchás la orquesta?” . Me contesta: “No, ¿ya estuviste tomando algo?” Le explico que no tomé nada. Pero me despierta la orquesta. Escribo de noche, de repente, es medio mágico. En una noche escribo dos tangos. Lo máximo que escribí en un día fueron cinco temas. Baladitas, tanguitos, no los mejores, pero escribí cinco. Grabé seiscientos temas, compuse más de mil.

¿Cuándo empezó a ser tu profesión?

Comencé a estudiar música a los seis años. Cantante no es una profesión, es una vocación.

Sos cantante, compositor.

Cantautor, menos mal que se inventó la palabra cantautor: nos da licencia para desafinar. Cantante no, no me atrevo, sería irrespetuoso, pero por lo menos cantautor. Pude documentar las cosas que me pasaron.

¿Cómo es tu relación con la muerte?

Hay una histeriqueada con la muerte. A mi salud la dañé mucho con las adicciones, con las sustancias malditas.

¿Desde joven?

Tomé el vicio casi a los 50. Lo tuve diez, quince años, pero fuerte. Le tenía pánico. Era tan careta que a los que se drogaban los echaba y terminé yo drogado, una cosa de locos. Es como el cigarrillo.

¿Hubo algún desencadenante?

Quizás, pero no lo quiero tomar como excusa para no ser hipócrita. Falleció mi hermano, era el último que me quedaba, pero no puedo tomar eso porque, si no, me estaría haciendo trampa. La tomé por salame, por estúpido, por langa, por hacerme el fenómeno. Me lastimó mucho, al extremo que estuve dos meses en coma el año pasado.

Pero no con anterioridad.

Antes tuve hipertensiones, pero no más que eso. Pero esto no, esto fue grave: dos meses en coma. Palito Ortega venía y me tomaba de las manos, me hablaba al oído todos los días. En el disco rígido te quedan las cosas que te dicen cuando estás en coma. Y creían que no me iba a despertar. Me desperté a los dos meses, pensaba que me había dormido la noche anterior. Y solté: “¿A qué hora nos acostamos ayer?, ¿a qué hora llegamos acá?”. Me explicaron y me cayó la ficha. Me asusté, pensé en que perdí todo ese tiempo y no me di cuenta, en que estuve muerto. Palito me ayudó mucho, es una amigo increíble, un hermano de la vida. Después tuve esas traqueotomías de cuatro meses. Supuse que no hablaría más aunque, en el fondo, sabía que iba a volver a hablar y a cantar. Y estuve un año ensayando cada día, haciendo fonoaudiología, aprendiendo a hablar de nuevo, y estoy cantando. Es un milagro.

Soy porque canto, canto porque soy.

Claro. ¿Cómo hago sin cantar?

¿Quién más te ayudó?

El Padre Ignacio. Lo fui a ver antes de caer en coma y le planteé que ya que me quería tanto como decía, me ayudara a dejar la droga. Entonces me abrazó y me dijo: “Abrazame fuerte”. Estuvimos abrazados un minuto, dos minutos. Me avisó: “Vas a pasar algo feo todavía, no vas a dejarla ahora, la vas a dejar dentro de tres, cuatro meses. Tenés que estar preparado porque se te viene una época jodida, pero te voy ayudar: vas a salir”. Quiero creer que me ayudó también.

Cacho Castaña: Cacho Castaña / Gustavo Castaing.

¿Cuándo vino el coma?

A los tres meses. La pegó. Creer o reventar. Y, antes de reventar, prefiero creer.

¿Y te fue posible, a la salida de la internación, no volver a la droga?

Lo peor que yo sufro es el cigarrillo.

¿La droga nunca más apareció?

No, nunca más . Salí del infierno.

¿Pero era una adicción importante?

No sé, era una adicción que te vuelve un ser oscuro. Y yo nunca fui un ser oscuro, siempre fui un ser extrovertido. Y la droga te encierra, te vuelve un caracol.

Es curioso que, con una personalidad como la tuya, te metiste en algo que te blindó, te encerró, te encapsuló. Qué difícil para vos, por la cosa absolutamente auténtica tuya del diálogo, estar como retraído.

Sí, fue difícil.

¿Estabas casado en esa época?

Sí, estaba con Marina. Se puso al lado mío. Debo haber sido buena gente para que Dios me la mandara. Habré hecho macanas en la vida, pero no tan jodidas.

¿Te acompañó?

Durmió en un silloncito, al lado mío, un año y algo, impresionante. Al despabilarte, decís: “Puta, qué increíble”.

Qué sentido nuevo que toma toda la vida cuando uno concientiza eso.

Sí, los valores que ves cerquita los tenés. Antes los pasabas de largo. Siempre digo que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo. De joven no te das cuenta de nada. Eso llega después.

¿Esta es tu segunda mujer?

Esta es mi segunda mujer, tercera, tuve varias. Casado, dos. Me voy a casar en cualquier momento. Soy un muchacho grande, tengo que acomodar las cosas.

Qué lindo, si no tus padres te van a decir “ponete serio”.

Mi viejo, el Tano, familia maravillosa de tanos. Tuve una niñez bárbara, fui al colegio de curas. De ahí salimos los peores, y la adolescencia pasó bárbara, con una familia lindísima. Tenía dos hermanos mayores, me llevaban 15 años, yo aparecí de casualidad. En esa época no había ecografía, entonces estaban seguros de que iba a nacer Rosita. Los escarpines eran rosas y, a veces, digo que estoy confundido: no sé si soy Rosita o Cacho.

Cacho Castaña: Cacho Castaña en los 70, pinta y éxito.

¿Cuándo llegaste a una situación de enorme popularidad?

Me sigue sorprendiendo. El éxito te lo prestan y no sabés quién. Y te lo sacan, y no sabes quién. Si te querés adueñar del éxito sos medio pavote: es intangible.

¿Hace muchos años que empezó?

Hace mucho. En el 74, en el 75, era tremendo el éxito: hacía veinte shows por fin de semana. Empecé en el 71, en el festival de Japón. Fui y gané con Me gusta, me gusta, una porquería. Sordos los japoneses. No lo podía creer, dije “estos me están jodiendo”. Llegué a la final y compartieron el premio Japón, Francia y yo. Y salieron unos discos simples, canciones que yo vendía mucho.

¿Café La Humedad de qué año es?

Del 74. Lo compusé en la oficina del maestro Oscar Toscano. Fui y me dijo: “Mirá, me tengo que ir media hora, ¿me esperás acá en la oficina?” Me quedé sentado en el piano y salió de corrido: no lo creía. Entró Oscar y me preguntó: “Cuándo lo hiciste?”. Y le contesté: “No, lo hice ahora”. “Nene, no me digas esto, ¿cuándo lo hiciste?”, me replicó. “Lo hice recién, maestro”, le insistí. “¿Tachaste dos o tres palabras?”, me dijo, porque yo había tachado algunas palabras. Y le contesté: “Sí, recién lo hice” “A ver, tocálo de nuevo. Algún día te vas a dar cuenta de lo que hiciste, ahora no te das cuenta porque tenés cualquier cosa en la cabeza. Ahora dejalo y guardalo”, me volvió a comentar. Y fue verdad: caminó solo.

¿Cómo surge, cuánto te divertís y cuánto hay en tu personaje de Don Juan incorregible?

Tuve una debilidad toda la vida, que es la mujer, la seducción, la conquista. Es una debilidad de chico. Siempre quise. Son las que me hicieron pelota, también. Se han llevado todo. Te dejan con la guitarra y con el grabador.

¿Era conquistar para el propio ego o te enamorabas?

Me enamoraba, estaba convencido. Un loco de la guerra. Yo levantaba un tomate y pensaba que era una flor. Y era una flor, me moría por esa flor. Hasta que al tiempo se achicharraba el tomate.

Además de Palito, ¿tenés grandes amigos?

Alejando Lerner. Es muy amigo mío, lo quiero mucho, estamos muy seguido juntos. Y La Gata (Adriana) Varela. Tengo un amigo del barrio, Miguelito, que tiene en el puerto de Olivos una panchería. Son los que están alrededor mío.

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