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Así es cómo bacterias detectan el campo magnético terrestre

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Así es cómo bacterias detectan el campo magnético terrestre





Como sabéis, nuestro planeta está cubierto por un campo magnético, fruto de la interacción entre sus núcleos externo e interno,  que posee un gran número de aplicaciones.



Hemos hablado en numerosas ocasiones de la magnetorecepción, que ayuda a ciertos animales como los insectos y las aves migratorias a orientarse en base a este campo, como si de una brújula interna se basara, pero esa no es su única función, ya que también nos protege desviando los dañinos vientos solares.




Este campo magnético no es una estructura estable, pues se sabe que la localización de sus polos norte y sur no está fija y cada cierto tiempo se invierte. De hecho, se tiene constancia de cambios anteriores, cada 200.000 o 300.000 años, pero hace ya más de 750.000 años que no tiene lugar uno, por lo que los investigadores tratan de buscar una forma de predecir cuando se ocasionará el siguiente. Y como no hay mejor forma de anticiparse al futuro que conociendo el pasado, un grupo de investigadores rusos ha dado con una curiosa forma de hacerlo, usando a las bacterias como protagonistas.






Las bacterias magnéticas que podrían predecir la inversión de los polos

Así es cómo bacterias detectan el campo magnético terrestre

Se sabe que, atrapados en rocas sedimentarias de miles y millones de años, hay restos de minerales magnéticos que podrían aportar información sobre el comportamiento del campo magnético en esa época.



Por desgracia, los geólogos no han sabido hasta el momento comprobar cómo se habían formado estas rocas, por lo que resultaba imposible obtener ningún tipo de dato útil. Pero quizás eso ya no sea un problema, pues un equipo de investigadores rusos, que ha publicado sus resultado en Geophysical Journal International, parece haber descubierto un origen bacteriano en algunos de estos sedimentos.




Esto es algo que se sospechaba desde hacía muchos años, pero nadie había sido capaz de demostrar experimentalmente que estos microbios marinos fuesen capaces de generar fragmentos de rocas lo suficientemente grandes como para retener información fiable sobre el campo magnético durante tantísimos años, ¿pero cómo han podido comprobarlo estos investigadores?

Para comprobarlo, llevaron a cabo un experimento muy simple, consistente en depositar bacterias comunes en un frasco con agua y los sedimentos típicos de aquella época.



Dos años después, comprobaron que en el recipiente se había generado un lodo con un gran número de partículas magnéticas en su interior y que éstas tenía un tamaño suficientemente grande para retener la información necesaria, que no podría obtenerse de partículas más pequeñas, cuyo magnetismo se podría modificar simplemente con un poco de calor.






¿Por qué ha sido tan importante este descubrimiento?

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Como os decía, conocer el comportamiento del campo magnético en el pasado puede aportarnos mucha información de cara al futuro, ayudando a los científicos a anticiparse a los problemas derivados de la inversión de los polos.



Y es que, este cambio tan drástico daría lugar a problemas de todo tipo, desde alteraciones lógicas en dispositivos de navegación e infraestructuras eléctricas, hasta una posible debilitación momentánea del campo magnético, que podría dejar a la Tierra totalmente vulnerable a las radiaciones nocivas del Sol, con todas las terribles consecuencias que eso conllevaría.

Esto no es algo que tenga por qué pasar, pero la previsión es importante para poder anticiparnos y, si hay alguien que puede ayudar a la humanidad en ese aspecto, ésa es la ciencia.

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