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Arte y Moral: Fernando Pessoa

Arte y Moral: Fernando Pessoa
(¯`•._.•[ Fernando Pessoa ]•._.•´¯)
Arte y Moral: Fernando Pessoa
(¯`•._.•[ 1888 – 1935 ]•._.•´¯)
Arte y Moral: Fernando Pessoa

El arte supremo tiene por fin libertar: erguir el alma encima de todo cuanto es estrecho, encima de los instintos, de las preocupaciones morales o inmorales.

El arte no tiene nada que ver con la moral, en cuanto al fin; tiene que ver, en cuanto al contenido.

Todo arte debe dar placer; el tipo de placer es el que varía. El arte inferior proporciona placer porque distrae, libertad porque libera de las preocupaciones de la vida; el arte superior menor proporciona alegría, libertad porque libera de la imperfección de la vida; el arte superior proporciona placer porque libera, libertad porque libera de la propia vida.

Un asunto sexual debe ser tratado en arte de modo que no suscite deseo. Para suscitar deseos, sirve mejor una fotografía pornográfica.

moral

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borges

La cuestión del arte moral o inmoral –si el arte debe ser «art for art’s sake», independientemente de la moralidad- a pesar de ser de muy simple solución, no ha dejado de ocupar desagradablemente a muchos pensadores, especialmente a los que desean probar que el arte debe ser moral.

En primer lugar, demos entera razón –es evidente que la tienen- a los estetas; el arte, en sí, tiene como fin únicamente la creación de belleza, independientemente de las consideraciones de ser moral o no. ¿Si esto es así, quién manda pues al arte a ser moral? La respuesta es simple: la moral . Lo manda la moral porque la moral debe regir todos los actos de nuestra vida y el arte es una forma de nuestra vida. Han errado aquellos que han querido hallar una razón dentro de la propia naturaleza del arte para que el arte sea moral. No existe esa razón donde la buscaron. El arte qua arte tiene como fin solamente la belleza. La razón que lo manda a ser moral existe en la moral, que es exterior a la estética; existe en la naturaleza humana.

El arte tiene dos caras: la puramente artística y la social. La artística es crear belleza: nada más. Como la belleza es una cosa independiente del consenso humano (a pesar de ser juzgada por él), como la belleza en sí, digamos, es independiente de las opiniones, el arte en su (…) social ningún otro fin tiene que la creación de belleza, sin otra consideración moral o intelectual.

Pero el arte tiene otra cara. Es la cara social. El artista es un hombre y un artista. Puramente artista, su obra, ya lo dijimos, sólo tiene por fin crear belleza, sólo una responsabilidad: frente a la Estética. Pero el artista vive en sociedad, publica sus obras de arte. Vive en sociedad como artista y vive en sociedad como hombre. Como artista su fin es uno solo: agradar. Como hombre su fin es uno solo: obtener gloria. Vemos pues que el artista se nos muestras bajo tres caras: como puramente artista (no teniendo otro fin que crear belleza), como al mismo tiempo artista y hombre (queriendo ver admirada esa belleza que creó), y finalmente como hombre (deseando la gloria, lo que es común a los otros hombres, generalmente a todos). El primer sentimiento es puramente impersonal; el segundo es entre personal e impersonal: desear ver admirada una obra de arte, aunque sea suya, no es enteramente egoísta; el tercero es enteramente personal.

Creemos haber dado, en estas palabras, la solución definitiva del problema.

Ahora bien, según estos tres modos del artista, está él sometido a diversas leyes. Como puramente artista ninguna otra ley tiene que la de seguir la estética. Pero buscando agradar ya se tiene que someter a otras leyes; la naturaleza de la humanidad es una sola, no se divide en estética, moral, intelectual, etc. Sólo la Estética personalizada es la que podría apreciar una obra de arte bajo el punto de vista puramente estético. La humanidad no; el amor de la belleza es fundamental en su alma: es arte; pero no sólo eso reside en ella, no sólo con eso critica y aprecia. Otros elementos entran inevitablemente en esta apreciación. Un gran poema revolucionario agradará más a un republicano que a un conservador, admitiendo en ambos, en cuanto a cualidades críticas, la misma dosis de estética.

Los hombres no aprecian sólo estéticamente, aprecian según toda su constitución moral. Por eso, cosas groseras, impuras, les desagradan, no en la parte estética de ellos, sino en la parte moral que no pueden desalojar de sí.

crowley

Arte y Moral: Fernando Pessoa

fernando pessoa

Las relaciones entre el arte y la moral son análogas a las relaciones entre el arte y la ciencia. No hay relación entre el arte y la moral, como no la hay entre el arte y la ciencia; pero un poema que viola nuestras nociones morales impresiona idénticamente al hombre sano como un poema que viola nuestra noción de la verdad.

Un poeta que canta, elogiando, el robo, no hará con eso un buen poema; ni lo hará un poeta moderno a quien se le ocurra cantar el curso del sol alrededor de la tierra, que es una cosa falsa.

Viola la regla del agrado. Agradará a más gente un poema que, sobre ser bello, sea moral, que uno que, siendo bello, sea inmoral. Las épocas tienen más en común sus ideas morales que sus inmoralidades. Sólo en las épocas de decadencia la moralidad dejó de ser un ideal; e, incluso en esas, se reconoce su valor ideal.

Las relaciones son entre el artista y el moralista, no entre el arte y la moral. Como es improbable que un gran artista, dado que es un gran artista, falsee la verdad, es improbable que falsee la moral. No pertenece esa característica a un cerebro típico de creador.

El creador de arte para influenciar tiene, en general, como motivo el interés de influenciar; al cual falta si crea la obra con elementos que tienden a limitar la acción de la obra.

La tendencia moral es reconocida por la especie [?] humana como superior a la realidad [?] inmoral. El poeta inmoral corre por tanto, en la proporción en que es inmoral, el riesgo de no influenciar los espíritus superiores (cuando no de su época, acaso decadente), de las otras épocas por lo menos.

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literatura

Este problema del arte inmoral es de los que están siempre saliendo a la superficie, momentáneamente centralizados en una u otra obra que coloca bajo el foco público los vagos principios existentes en tal problema. Hay dos aspectos del problema. El primero es el filosófico abstracto que consiste en la discusión de las relaciones entre arte y moral, el problema estético de la ética, si así podemos llamarlo, o en otros términos, el problema ético en la estética.

No me preocupa ahora este problema. Mi finalidad es discutir el problema práctico, basado en aquellos dos elementos, el problema de la pornografía, podemos decir. ¿Debería el gobierno o cualquier otra autoridad controlar o supervisar el ejercicio de las facultades literarias o artísticas, teniendo en vista su maléfica influencia sobre el público que lee, que ve o que oye? Si así fuere, ¿sobre qué bases trabajará esa supervisión?

Abordaremos el problema en lo que toca a la literatura. La única clasificación admisible en literatura, en lo que hace a este problema, es la literatura y los escritos propia y simplemente obscenos. Esos escritos obscenos que son, digamos, el equivalente a las fotografías obscenas, en que la única justificativa posible es la obscenidad, pertenecen de manera palpable a una especie diferente a la de la producción que es literaria y en la que los elementos obscenos están sobrepuestos a la infraestructura literaria o están inextricablemente entretejidos con la sustancia artística de la misma. De modo que, si las autoridades han de interferir en este problema, han de proceder, en primer lugar, sobre una base manifiestamente estética.

La cuestión presenta, como todas las cuestiones, varios grados. Hay obras que evidentemente solo son obscenas y en ningún modo literarias, tales como aquellos panfletos, que acabamos de citar, que corresponden en la manera escrita a las fotografías obscenas también citadas en paralelo. Y hay, en el otro extremo, productos como Venus y Adonis, como tantos poemas clásicos y obras en prosa; la dificultad es mayor cuando tenemos que lidiar con obras de arte superior que son, no solamente inmorales, sino que hacen francamente la apología de alguna especie de inmoralidad.

No se puede alegar que los elementos artísticos en causa absuelven y extirpan la inmoralidad de la obra. De las dos especies de público que lee, una, la más baja, no ve los elementos artísticos y sólo penetra la significación de los elementos inmorales contenidos en la obra de arte. La otra porción del público lector, la porción sensible a las influencias artísticas, es capaz, en consecuencia, de efectuar una separación entre las dos especies de elementos que participan, por hipótesis, de la especie de obra artística que estamos discutiendo, no se distancia mucho del otro público en lo referente a los efectos, pues, si la obra fue realmente una alta obra de arte, y los elementos obscenos, por tanto, no ajenos a la sustancia de ella, sino inextricablemente mixturados con ella, esos elementos inmorales son tanto más puestos en evidencia, cuanto ganan de intensidad, belleza y fervor, gracias al modo artístico en el que son presentados.

Venus y Adonis , muy probablemente, excitará sentimientos sexuales en una persona de poca educación; pero tendrá en cierta forma todavía más probabilidad de excitarlos en una altamente educada o altamente sensible. La propia superioridad artística de la obra asegura ese efecto. El principio de que «para el puro todas las cosas son puras» es mero fuego de artificio; no hay «puros».

Si queremos prohibir la venta de arte inmoral, no podemos hacerlo sin prohibir al mismo tiempo el arte. El problema es especialmente difícil cuando hemos de considerar obras no extremas, esto es, obras que no son palpablemente superiores desde el punto de vista artístico, pero que tampoco son pura obscenidad, mera obscenidad y nada más. Al nivel de Shakespeare, todos más o menos concordamos en que sería equivalente a la violencia prohibir la circulación de la literatura inmoral. Cuando estamos en el nivel literario correspondiente a la fotografía obscena, solamente los comerciantes del género no acordarían con su supresión. Pero cuando nos hallamos al nivel del novelista popular, el problema se vuelve muy difícil. Hasta cierto punto obras en nivel literario como las de Hall Caine o Miss Marie Corelli son literatura; aunque sean literatura que no permanece –aunque varias personas, en verdad, puedan atribuirles un nivel superior. Si tales obras son vehículos de obscenidad o inmoralidad, ¿qué se debe hacer con ellas?

El hecho central es que el problema se halla en algún lado y su solución se vuelve imposible hasta que decidamos ver que alguna clasificación de públicos debe ser admitida, antes que cualquier luz penetre en la discusión.

Es que la diferencia esencial entre el lector deseducado y el educado, digamos, de Venus y Adonis es que, aun cuando sea bien posible que tanto el educado como el deseducado se sientan sexualmente excitados en el mismo grado, mientras leen la obra, la influencia posterior difiere, no debiéndose tomar en cuenta, sin duda, casos especiales y mórbidos. Un poco después de acabar Venus y Adonis, el lector deseducado que no se irritó, pero quedó interesado por la parte intelectual del poema, permanece bajo la influencia de aquella parte de él que le interesó y que es la sexual. Mientras que, el lector educado, una vez pasada la momentánea excitación de la obra, permanece, por el contrario, bajo la influencia de los elementos artísticos.

La segunda distinción a efectuarse es entre el público adulto y no adulto. Se considera adulto a quien es capaz de defenderse, lo que no sucede con un niño. De modo que, en este campo, el problema se vuelve simple: la lectura de obras inmorales, de cualquier especie que sean, debería ser prohibida a los niños, pero permitida a los adultos.

Entre adultos, la distinción es la siguiente: existen los educados y los deseducados, y estos últimos se hallan, hasta cierto punto, en la posición de niños. De modo que, si la prohibición ha de ser decidida hasta cierto punto, debería ser extensiva solamente a la parte ineducada del público. La cuestión de como ha de ser esto efectuado es del todo secundaria y resoluble, de diversas maneras, aunque aproximadamente.

borges
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Hasta áca llegó el post.

Gracias por visitarlo.

Saludos.

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