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Argentina le van tan mal que no le puede ir peor

Argentina le van tan mal que no le puede ir peor
Las cosas solo parecen ir de mal en peor para Argentina. Desde que entró en default, la economía se deteriora cada vez más al pasar los días. El consumo está cayendo, las exportaciones han disminuido, la confianza de los consumidores se está desmoronando, el peso está tocando mínimos históricos y el poder adquisitivo de los salarios se ha contraído, mientras que suben los precios y se esperan conflictos y tensiones laborales en el período previo a las elecciones del 2015. Y el gobierno no hace otra cosa que agravar la situación.

Una nota publicada por la agencia Reuters ayer, titulada “Luego del default, la economía argentina se hunde en un pozo aún más profundo”, resume la situación. La nota dice que “el gobierno argentino está incrementando el intervencionismo del estado en la economía para intentar prevenir que un nuevo default de su deuda dispare una crisis de su balanza de pagos, pero sus políticas están diezmando la confianza del sector de negocios y podrían profundizar la recesión”.

Las reservas argentinas han tocado un fondo de u$s 28.400 millones, equivalentes a menos de cinco meses de importaciones. Un economista del banco de inversión Jefferies, Siobhan Morden, sostiene que las reservas podrían caer a 7.000 millones para fines del 2015. El Banco Central ha incrementado el piso salarial requerido para comprar dólares y, por otro lado, ha reforzado sus restricciones sobre la disponibilidad de dólares para importadores. El diario El Cronista hoy publicó que la terminal brasileira de GM suspenderá sus exportaciones a Argentina debido a la falta de dólares. El Presidente de General Motors America, Jaime Ardila, dice creer que la falta de acceso a divisas es apenas temporaria y “se normalizará cuando se resuelva el problema con los ‘holdouts’”.

Pero en vez de resolver su crisis de deuda y buscar un acuerdo con sus acreedores “holdout”, el Gobierno argentino está implementando medidas económicas cada vez más restrictivas. En este momento, está en vías de aprobar una enmienda a una ley que permite al Estado intervenir en varios aspectos de la vida del sector privado, como por ejemplo, los precios que establecen las empresas, sus márgenes de utilidad y sus niveles de producción. Esta susodicha Ley de Abastecimiento ha hecho sonar la alarma entre las entidades empresarias, llevando los dirigentes de los sectores agropecuarios, de la construcción, la banca, la industria y la venta minorista a reclamar acción en contra del proyecto.

El analista Jim Grant del periódico especializado Grant’s Interest Rate Observer piensa que “Como a Rusia, a Argentina le van tan mal que prácticamente no le podría ir peor”. Grant hizo referencia a los recurrentes cortes de luz, la inflación galopante y el derrumbe de los precios en el mercado inmobiliario, y depositó la culpa de todos estos males a los pies de Cristina. “Su mal manejo ha dejado la economía hecha trizas”, observó Grant. “Al irse, no puede más que mejorar la cosa”.

Al compartir su visión de una Argentina post-Kirchner, Grant concluye que cualesquiera sean las diferencias entre los candidatos presidenciales, están todos de acuerdo que hay que levantar el cepo cambiario, restaurar tasas realistas de interés y acordar con los acreedores.

Cristina todavía puede revertir la situación. La negociación de una solución con los acreedores restauraría la confianza de los inversores y permitir que Argentina vuelva a los mercados de capitales. No es demasiado tarde para sentarse a la mesa.

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