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Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

«El otro infierno»

(Extraído del libro Bar del Infierno, pág. 187)

Hay más allá del infierno, otro infierno imprevisto y posterior. Durante un tiempo, el condenado se instala en el tormento, lo incorpora a sus hábitos y busca consuelo en la idea de que nada peor podrá ocurrirle. Es entonces cuando cae en otro infierno, el verdadero, cuyos sufrimientos son imposibles de comprender y de calcular.

El infierno como castigo por los pecados es, al menos, razonable. Uno arde en ríos de fuego pero atesora una convicción inevitablemente dichosa: el universo tiene un propósito ético; en algún lugar están los bienaventurados; en algún lugar está Dios.

El verdadero infierno es, antes que nada, injusto. Uno no sabe por qué está allí, ni cuáles son sus culpas, ni cuál es el Plan que está cumpliendo.

Infiernos benignos permiten conocer el camino para evitarlos.

Mucho peor es que cualquiera se salve y cualquiera se condene.

Ignorar las consecuencias de los propios actos, eso es el infierno.

Literatura

Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

Tango

«Vocación»

(Extraído del libro Bar del Infierno, pág. 166)

Cuentan que el joven Pa Chieng, segundón deuna familia de guerreros, llegó, después de veinte años, hasta el último examen de la carrera de amanuense en la Escuela Administrativa de Hang Cheu. El título presuponía el conocimiento de los Diez Mil Libros, el ejercico impecable de la poesía clásica, el dominio de la geometría y el arte de construir sismógrafos, así como el perfecto manejo de la ciencia alquímica. Cumplidas todas las pruebas, podía uno ingresar directamente a la Administración Imperial, como ayudante del maestro redactor de citaciones judiciales.

Pa Chieng se hallaba cabeza abajo, colgando de una soga y semisumergido en las heladas aguas del estanque. Estaba a punto de contemplar el sexto de los nueve madrigales que le habían encargado. Un alto funcionario de la dirección apareció de improviso y suspendió la tarea.

¡Infracción, infracción!– gritó con las manos en la cintura y las piernas muy abiertas. Ordenó que descolgaran a Pa Chieng, lo abofeteó repetidamente y luego le dijo:

– te hemos estado observando, Pa Chieng, hijo y nieto de coroneles. Has deshonrado a los guerreros de tu familia esforzándote en no parecerte a ellos. Tus calificaciones han sido altas, eso hace más grave la afrenta. Queríamos saber hasta dónde eres capaz de llegar y hoy sabemos que no hay límite para tu dsevergûenza. Abolimos, pues, tus logros académicos, como un gesto de perdón. Márchate y sé guerrero. Si te apresuras, serás sargento antes de morir.

bar del infierno

Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

crónicas del ángel gris

«Exigencias»

(Extraído del libro Bar del Infierno, pág. 203)

Un joven persa llamado Daraiawa se enamoró de Cira, la hija de un comerciante de Susa. Ella no lo correspondió, pero para divertirse un rato, tuvo la idea de obligarlo a realizar hazañas imposibles o enojosas, con la promesa de entregarle su amor si las cumplía exitosamente.

En primer lugar, Daraiawa fue a buscar los frutos del árbol de la sabiduría, que crecía no lejos del río Indo, en los confines del Imperio. Los frutos provienen de una higuera que está rodeada de centenares de otras higueras, cuyos higos producen conocimientos falsos.

El joven permaneció largo tiempo en una enorme biblioteca que hay junto a los árboles. Allí indagó en los libros secretos la forma de diferenciar un fruto de otro.

Después, tuvo que profanar el templo de Maharashtra, donde sólo pueden entrar los monjes de la Orden del Águila. Daraiawa cumplió durante siete años las arduas tareas del noviciado y finalmente fue ordenado monje, entró al templo y robó unas reliquias que entregó luego a la joven Cira.

A lo largo de los años, Daraiawa fue matando dragones, escalando montañas, resolviendo enigmas y desobedeciendo leyes sagradas.

A cada hazaña cumplida, Cira le encargaba otra, prometiendo que sería la última.

Finalmente, ella le dijo que nunca lo amaría. A Daraiawa no le importó mucho porque él ya estaba viejo y Cira también.

Murió poco después, creyendo que no había sido amado por la insuficiencia de sus proezas.

Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

cuentos

«El tipo que pasaba por ahí»

(Extraído del libro Crónicas del Ángel Gris; capítulo “Apuntes del fútbol en Flores”, pág. 207)

Suele ocurrir en los equipos de barrio que a la hora de comenzar el partido

faltan uno o dos jugadores. Casi siempre se recurre a oscuros sujetos que

nunca faltan en la vecindad de los potreros. El destino de estos individuos no

es envidiable. Deben jugar en puestos ruines, nadie les pasa la pelota y

soportan remoquetes de ocasión, como Gordito, Pelado o Celeste, en alusión al

color de su camiseta. Si repentinamente llega el jugador que faltaba, se lo

reemplaza sin ninguna explicación y ya nadie se acuerda de su existencia.

Pero una tarde, en Villa del Parque, los muchachos del Ciclón de Jonte

completaron su formación con uno de estos peregrinos anónimos. Y sucedió que

el hombre era un genio. Jugaba y hacía jugar. Convirtió seis goles y realizó

hazañas inolvidables. Nunca nadie jugó así. Al terminar el partido se fue en

silencio, tal vez en procura de otros desafíos ajenos.

Cuando lo buscaron para felicitarlo, ya no estaba. Preguntaron por él a los

lugareños, pero nadie lo conocía. Jamás volvieron a verlo.

Algunos muchachos del Ciclón de Jonte dicen que era un profesional de

primera división, pero nadie se contenta con este juicio. La mayoría ha

preferido sospechar que era un ángel que les hizo una gauchada. Desde aquella

tarde, todos tratan con más cariño a los comedidos que juegan de relleno.

Tango

Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

Alejando Dolina

«Instrucciones para elegir en un picado»

(Extraído del libro Crónicas del Ángel Gris; capítulo “Apuntes del fútbol en Flores”, pág. 208)

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar,

tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán

los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y

luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone

que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el

final los troncos.

Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que

está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida.

Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o rechazan. Sin

eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo . A lo largo de los años,

muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez

más demorada.

Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus

decisiones no siempre recaían sobre los más háboles. En un principio se creyó

poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir

compañeros que reunían ciertas cualidades.

Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos

más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque

no fueran tan capaces.

El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico.

Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo

comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan

y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los

amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables
.

crónicas del ángel gris

Alejandro Dolina: Cuentos cortos y al pie

Literatura

«Invocación a la Diosa»

(Extraído de la opereta Lo que me costó el amor de Laura)

Durante mucho tiempo me ha gustado creer que todo buen verso estaba al final de un camino lleno de espantos y pena. El sendero poético que me atreví a imaginar conducía a un lugar más glorioso cuanto mayores eran los sufrimientos del camino. Los malvados elegían un camino fácil, que no llevaba a ninguna parte.

Más tarde, Robert Graves me reveló una verdad: existe la musa y es la mujer que uno ama.

Desventuras de última hora me hicieron ver que tal vez ambas intuiciones son ciertas. El camino difícil es el camino del enamorado y del poeta. Ese camino es el que conduce a la diosa, que es la mujer amada y la única que conoce -o nos hace conocer- la música buscada.

cuentos

Para terminar, les dejo algunos tangos del negro:

Yo tan sólo 20 años tenía



link: http://www.youtube.com/watch?v=HVgMaguxc08

El mejor amor



link: http://www.youtube.com/watch?v=bXaYVwbBc-s

Moneda falsa



link: http://www.youtube.com/watch?v=gdSIT5kBO3g

Tango

Fin del post, con permiso.

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