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Alarma en las inferiores: el eco de una sociedad en crisis.

Alarma en las inferiores: el eco de una sociedad en crisis.
Alarma en las inferiores: el eco de una sociedad en crisis.

“Ahora sí que te hacés mala sangre con los pibes. Hace varios años, el primer día le revoleé 20 metros un celular a Messi. Hoy le llego a revolear un teléfono a éstos y me tengo que pelear tres días. «¿Quién es usted para hacerlo?», te dicen. «Ni mi padre lo hace», te torean. ¿Qué tenés que hacer? Llevártelo a caminar, explicarle, dedicarle atención. Bajarle línea una y otra vez. Antes venía casi todo resuelto desde la casa y a lo sumo en un día les explicabas las normas de trabajo. Lo que antes te llevaba un día ahora te lleva un mes.” Gerardo Salorio es el que va y viene en el tiempo, trémulo testigo de la metamorfosis, dueño de un crudo retrato. El fútbol no es culpable de nada, simplemente refleja a la sociedad. “A los chicos los empiojó todo lo que empiojó al país”, resume el histórico preparador físico de los seleccionados juveniles de José Pekerman.

A medida que el potrero dejó de ser el inagotable proveedor de cracks, aparecieron temas coyunturales que acentuaron la preocupación alrededor de las divisiones inferiores: fragilidades físicas, déficits alimentarios y, principalmente, serios conflictos familiares: desde hogares violentos y disfuncionales, con causas judiciales incluidas, hasta chicos que saliendo de la adolescencia ya son padres. La desarticulada red social del país ha desembarcado en el fútbol.

“La droga es un problema grande”, detalla Claudio Vivas, coordinador de las inferiores de Banfield y uno de los candidatos a asumir en los juveniles de la AFA. Y avanza: “Hay muchos casos. Algunos los detectamos, de otros sospechamos y en otros quedamos como «vigilantes», pero es lo mejor para ellos. A principios de año les hacemos estudios y tratamos de manejar la ayuda con discreción. Muchos llegan de casas destrozadas, donde se ve de todo: bebida, violencia familiar, problemas con la policía. Hay chicos que te llegan deprimidos y naturalmente bajan el rendimiento. Entonces empezás a preguntar. Alguno te cuenta que se peleó con la novia o que extraña a los viejos, que están en el interior, y otros te dicen que el padre la caga a palos a la madre.”

Alarma en las inferiores: el eco de una sociedad en crisis.

La fuga de conductas y educación se encarga de agravar el escenario. Muchos chicos ya no escuchan a los grandes como antes. Encargados de las inferiores confían sus luchas por que cumplan reglas básicas, como apagar las luces en determinado horario. O la aparición de sábanas quemadas con picaduras de cigarrillo. “Varios llegan de familias que viven de planes laborales, donde la mayoría no vio nunca trabajar al papá. Familias donde los abuelos son muy jóvenes… Chicos que viven en zonas difíciles. Hace muchos años el «ey amigo., tenés tal cosa o me das tal cosa.» no existía; ahora todo es «ey amigo.». Las veces que les digo «aprendé a hablar.». Manejan 300 palabras y de ahí no los sacás. Te dan ganas de boxearte un ratito con cada uno, pero mejor que eso es comprometerse. ¿Por qué no tenemos líderes en la sociedad? Porque nadie se involucra”, agrega Salorio.

Las adyacencias culturales de las canchas se han empobrecido. “El fútbol es una cuestión de Estado, de país, de cultura. El fútbol es un juego y el juego hay que entenderlo. Y para entenderlo hay que pensar y para pensar hay que ir a la escuela. No todo termina en el fútbol, hay un contexto mucho más grande en el que hay que fijarse. En ese sentido, no estamos como estábamos antes”, explica Javier Mascherano. Se suma Vivas: “Cuando me siento con un jugador de primera que no hizo ni la primaria ni la secundaria y le quiero explicar un nuevo sistema táctico, a veces me mira con los ojos desorbitados. Le cuesta mucho más a ese chico jugar al fútbol porque el nivel interpretativo del futbolista ha caído mucho. Y va de la mano, lógicamente, de su mala formación educativa”. Muchos pibes creen que nadie puede enseñarles nada. “Los chicos tardan en madurar porque están pendientes del celular, de la minita. Antes no había nada. Lo único que a mí me importaba era jugar en primera, y si para eso tenía que comer pasto, me comía un kilo. Hoy tienen todo al alcance y eso los retrasa”, reflexiona Gabriel Heinze.

“Hay chicos de 16 y 17 años que ya son papás. El proyecto de formación de un futbolista ahora abarca mucho más que hace 20 años; cuando empecé a trabajar en las inferiores de Newell’s, mi mayor problema era a quién ponía entre los tres N° 9 que tenía, mi trabajo se limitaba a lo que ocurría en la cancha y punto”, compara Vivas. Si antes las figuras centrales en las inferiores eran el técnico y el delegado, ahora los que tienen una agenda sobrecargada en los clubes son la asistente social y el psicólogo.

Justamente Marcelo Roffé, psicólogo deportivo con 21 años de trayectoria y experiencia en las selecciones de la Argentina y Colombia, acerca su impresión: “Estos adolescentes tienen que madurar antes de tiempo. Algunos ya son padres de familia y el sostén económico de todo el grupo familiar, o por el dinero que les da el club para que nadie se los robe o por la plata que les da el representante. Así se aceleran los tiempos de esos chicos, y lo apurado generalmente sale mal. «Todo me pasó demasiado rápido», es una frase que escuché muchas veces en boca de varios futbolistas. Y es así”.

Alarma en las inferiores: el eco de una sociedad en crisis.

La tarea de Marcela Bracco, desde hace 18 años trabajadora social de las selecciones juveniles de la AFA, precisamente es conocer a los chicos desde otra óptica. Los describe como mucho más desinhibidos que antes. E introduce el elemento económico en el análisis. “Ahora aparece muy precozmente el manejo del dinero; a los 16 años los chicos tienen su propio auto, y son autos de alta gama. Y la precocidad se extiende a la administración de las emociones; así te encontrás con chicos de 15 años viviendo en la casa de los padres de su noviecita, y ése es otro gran cambio por todo lo que significa vivir con una familia política. Muchos todavía no saben ni quién son y todos los días comparten el techo con sus suegros, en un particular mundo de intereses.”

“La desocupación -analiza Salorio- es la raíz de todo. Entonces esos padres sueñan con la salvación. Padres que ya gastaron su vida y ahora quieren gastar la del otro, pero el otro es su hijo. El pibe a los 12 o 13 años está desgastado, ya no tiene ganas de jugar. Ahora no llega el mejor, llega el que sobrevive., ésa es la presión a la que los someten. Te llegan informes de la asistente social donde las familias dicen «vivimos de lo que genera mi hijo», que quizá cobra 5000 pesos por mes porque el club le da ese viático por miedo a que se lo lleve otro club. Cuando veo que las familias viven de un pibe que todavía no se sabe si llegará a primera digo «pucha, qué mal que estamos».”

“La conducta de los chicos es cada vez peor. Las marcas que visten a la primera generalmente te entregan 10 o 12 pares de botines para las inferiores. pero si no son de alguna de las dos o tres marcas principales, los pibes te los tiran por la cabeza. Cada vez más pequeños tienen representantes y te exigen un viático. Los pibes hoy te pasan por al lado y no saludan., es una lucha permanente que arrojen la botellita de agua en el cesto y la ropa la devuelvan en la mano al utilero. Tiran todo por cualquier lado, es una lucha cultural ya. Si se va la pelota a la calle, les digo que la tienen que ir a buscar porque esa pelota vale 1000 pesos. Y van, pero obligados y puteándote por dentro”, se lamenta Vivas.

Las tentaciones están siempre al acecho. “En el Sudamericano Sub 15 que jugamos en Colombia a fines del año pasado, en la última noche se me llenó el lobby del hotel de nenas, chiquitas. Saqué a todo el mundo, cerré la puerta del hotel, me quedé con las llaves y hasta las 5 de la mañana me la pasé caminando por los pisos de los pibes hasta que todos cayeron dormidos. No pasó nada. ¿Cuál era mi deber? Se lo dije el día que salimos de Ezeiza: «Yo soy dueño de ustedes desde hoy y hasta cuando los devuelva». Yo era el responsable de ellos. Les tenés que dar el cariño y el cuidado que quizás en la casa les dan con cuentagotas”, describe Salorio.

“Cuando les interesa un jugador, desde Europa preguntan mucho por el costado profesional. ¿Se cuida, qué familia tiene, vive solo, está casado, tiene una sola esposa, le da bola a la preparación, le gusta el fútbol. El argentino se hace futbolista fuera de su país, cuando entiende que se tiene que cuidar todos los días”, relata Heinze. Cuando Sergio Agüero llegó en 2006 a Atlético de Madrid, el nutricionista del club colchonero abrió muy grandes los ojos al conocer los hábitos alimenticios del Kun: “Come solamente carne y no toma agua porque dice que no le gusta ni en pintura”. A muchos futbolistas argentinos que llegan a Europa les cuesta adaptarse a las nuevas pautas de nutrición. “Aquí está: la famosa Mila-Messi. Es lo que come el Leo siempre. Y de postre, heladito de fresa y chocolate, acompañado con Coca-Cola. Siempre”, cuenta Jorge, uno de los dueños del restaurante Las Cuartetas en el libro Ni rey ni D10s, de Sebastián Fest y Alexandre Juillard. La mala costumbre se cortó en 2009, era incompatible con la elite. Los excesos de grasa, el vicio por la carne roja, el rechazo a la leche, el pescado y las verduras describen un costado poco profesional. Claro, de chicos, algunos ni acceden a esa dieta. Ahí también llega el socorro social de los clubes.

La licenciada Bracco intenta ayudar a los pibes a resolver ciertas problemáticas. Pero cambió el escenario brutalmente. “Por ejemplo, hay chicos de 14 o 15 años que están transitando un desarraigo acá, en Capital, porque son de alguna provincia, y mientras tratan de adaptarse a un nuevo colegio, un nuevo club y otros amigos, encima les llega una propuesta del exterior. Eso los conflictúa y los mantiene en una atmósfera de castillitos en el aire. Entonces, se sienten más omnipotentes. Y el panorama se agrava si las familias apoyan estas cuestiones en lugar de alentarlos a que vivan las etapas, en lugar de quemarlas.”

Tantas fotografías oscuras proyectan una sombría película. El deterioro de varias estructuras básicas impacta sobre la producción del semillero. Frente a la sentencia de que ya no aparecen cracks como antes también convendrá rastrillar las razones más allá de los límites de una cancha: la avería sociocultural del país es parte de la explicación.

El mismo juicio en los extremos generacionales.

“Ahora sí que te hacés mala sangre con los pibes. Hace varios años, el primer día le revoleé 20 metros un celular a Messi. Hoy le llego a revolear un teléfono a éstos y me tengo que pelear tres días. «¿Quién es usted para hacerlo?», te dicen. «Ni mi padre lo hace», te torean. ¿Qué tenés que hacer? Llevártelo a caminar, explicarle, dedicarle atención. Bajarle línea una y otra vez. Antes venía casi todo resuelto desde la casa y a lo sumo en un día les explicabas las normas de trabajo. Lo que antes te llevaba un día ahora te lleva un mes.” Gerardo Salorio es el que va y viene en el tiempo, trémulo testigo de la metamorfosis, dueño de un crudo retrato. El fútbol no es culpable de nada, simplemente refleja a la sociedad. “A los chicos los empiojó todo lo que empiojó al país”, resume el histórico preparador físico de los seleccionados juveniles de José Pekerman.

A medida que el potrero dejó de ser el inagotable proveedor de cracks, aparecieron temas coyunturales que acentuaron la preocupación alrededor de las divisiones inferiores: fragilidades físicas, déficits alimentarios y, principalmente, serios conflictos familiares: desde hogares violentos y disfuncionales, con causas judiciales incluidas, hasta chicos que saliendo de la adolescencia ya son padres. La desarticulada red social del país ha desembarcado en el fútbol.

“La droga es un problema grande”, detalla Claudio Vivas, coordinador de las inferiores de Banfield y uno de los candidatos a asumir en los juveniles de la AFA. Y avanza: “Hay muchos casos. Algunos los detectamos, de otros sospechamos y en otros quedamos como «vigilantes», pero es lo mejor para ellos. A principios de año les hacemos estudios y tratamos de manejar la ayuda con discreción. Muchos llegan de casas destrozadas, donde se ve de todo: bebida, violencia familiar, problemas con la policía. Hay chicos que te llegan deprimidos y naturalmente bajan el rendimiento. Entonces empezás a preguntar. Alguno te cuenta que se peleó con la novia o que extraña a los viejos, que están en el interior, y otros te dicen que el padre la caga a palos a la madre.”

Estos adolescentes tienen que madurar antes de tiempo. Algunos ya son padres de familia y el sostén económico de todo el grupo familiar (Marcelo Roffé). La fuga de conductas y educación se encarga de agravar el escenario. Muchos chicos ya no escuchan a los grandes como antes. Encargados de las inferiores confían sus luchas por que cumplan reglas básicas, como apagar las luces en determinado horario. O la aparición de sábanas quemadas con picaduras de cigarrillo. “Varios llegan de familias que viven de planes laborales, donde la mayoría no vio nunca trabajar al papá. Familias donde los abuelos son muy jóvenes… Chicos que viven en zonas difíciles. Hace muchos años el «ey amigo., tenés tal cosa o me das tal cosa.» no existía; ahora todo es «ey amigo.». Las veces que les digo «aprendé a hablar.». Manejan 300 palabras y de ahí no los sacás. Te dan ganas de boxearte un ratito con cada uno, pero mejor que eso es comprometerse. ¿Por qué no tenemos líderes en la sociedad? Porque nadie se involucra”, agrega Salorio.

Las adyacencias culturales de las canchas se han empobrecido. “El fútbol es una cuestión de Estado, de país, de cultura. El fútbol es un juego y el juego hay que entenderlo. Y para entenderlo hay que pensar y para pensar hay que ir a la escuela. No todo termina en el fútbol, hay un contexto mucho más grande en el que hay que fijarse. En ese sentido, no estamos como estábamos antes”, explica Javier Mascherano. Se suma Vivas: “Cuando me siento con un jugador de primera que no hizo ni la primaria ni la secundaria y le quiero explicar un nuevo sistema táctico, a veces me mira con los ojos desorbitados. Le cuesta mucho más a ese chico jugar al fútbol porque el nivel interpretativo del futbolista ha caído mucho. Y va de la mano, lógicamente, de su mala formación educativa”. Muchos pibes creen que nadie puede enseñarles nada. “Los chicos tardan en madurar porque están pendientes del celular, de la minita. Antes no había nada. Lo único que a mí me importaba era jugar en primera, y si para eso tenía que comer pasto, me comía un kilo. Hoy tienen todo al alcance y eso los retrasa”, reflexiona Gabriel Heinze.

“Hay chicos de 16 y 17 años que ya son papás. El proyecto de formación de un futbolista ahora abarca mucho más que hace 20 años; cuando empecé a trabajar en las inferiores de Newell’s, mi mayor problema era a quién ponía entre los tres N° 9 que tenía, mi trabajo se limitaba a lo que ocurría en la cancha y punto”, compara Vivas. Si antes las figuras centrales en las inferiores eran el técnico y el delegado, ahora los que tienen una agenda sobrecargada en los clubes son la asistente social y el psicólogo.

Justamente Marcelo Roffé, psicólogo deportivo con 21 años de trayectoria y experiencia en las selecciones de la Argentina y Colombia, acerca su impresión: “Estos adolescentes tienen que madurar antes de tiempo. Algunos ya son padres de familia y el sostén económico de todo el grupo familiar, o por el dinero que les da el club para que nadie se los robe o por la plata que les da el representante. Así se aceleran los tiempos de esos chicos, y lo apurado generalmente sale mal. «Todo me pasó demasiado rápido», es una frase que escuché muchas veces en boca de varios futbolistas. Y es así”.

La tarea de Marcela Bracco, desde hace 18 años trabajadora social de las selecciones juveniles de la AFA, precisamente es conocer a los chicos desde otra óptica. Los describe como mucho más desinhibidos que antes. E introduce el elemento económico en el análisis. “Ahora aparece muy precozmente el manejo del dinero; a los 16 años los chicos tienen su propio auto, y son autos de alta gama. Y la precocidad se extiende a la administración de las emociones; así te encontrás con chicos de 15 años viviendo en la casa de los padres de su noviecita, y ése es otro gran cambio por todo lo que significa vivir con una familia política. Muchos todavía no saben ni quién son y todos los días comparten el techo con sus suegros, en un particular mundo de intereses.”

“La desocupación -analiza Salorio- es la raíz de todo. Entonces esos padres sueñan con la salvación. Padres que ya gastaron su vida y ahora quieren gastar la del otro, pero el otro es su hijo. El pibe a los 12 o 13 años está desgastado, ya no tiene ganas de jugar. Ahora no llega el mejor, llega el que sobrevive., ésa es la presión a la que los someten. Te llegan informes de la asistente social donde las familias dicen «vivimos de lo que genera mi hijo», que quizá cobra 5000 pesos por mes porque el club le da ese viático por miedo a que se lo lleve otro club. Cuando veo que las familias viven de un pibe que todavía no se sabe si llegará a primera digo «pucha, qué mal que estamos».”

Hay chicos de 16 y 17 años que ya son papás. El proyecto de formación de un futbolista ahora abarca mucho más que hace 20 años (Claudio Vivas)

“La conducta de los chicos es cada vez peor. Las marcas que visten a la primera generalmente te entregan 10 o 12 pares de botines para las inferiores. pero si no son de alguna de las dos o tres marcas principales, los pibes te los tiran por la cabeza. Cada vez más pequeños tienen representantes y te exigen un viático. Los pibes hoy te pasan por al lado y no saludan., es una lucha permanente que arrojen la botellita de agua en el cesto y la ropa la devuelvan en la mano al utilero. Tiran todo por cualquier lado, es una lucha cultural ya. Si se va la pelota a la calle, les digo que la tienen que ir a buscar porque esa pelota vale 1000 pesos. Y van, pero obligados y puteándote por dentro”, se lamenta Vivas.

Las tentaciones están siempre al acecho. “En el Sudamericano Sub 15 que jugamos en Colombia a fines del año pasado, en la última noche se me llenó el lobby del hotel de nenas, chiquitas. Saqué a todo el mundo, cerré la puerta del hotel, me quedé con las llaves y hasta las 5 de la mañana me la pasé caminando por los pisos de los pibes hasta que todos cayeron dormidos. No pasó nada. ¿Cuál era mi deber? Se lo dije el día que salimos de Ezeiza: «Yo soy dueño de ustedes desde hoy y hasta cuando los devuelva». Yo era el responsable de ellos. Les tenés que dar el cariño y el cuidado que quizás en la casa les dan con cuentagotas”, describe Salorio.

“Cuando les interesa un jugador, desde Europa preguntan mucho por el costado profesional. ¿Se cuida, qué familia tiene, vive solo, está casado, tiene una sola esposa, le da bola a la preparación, le gusta el fútbol. El argentino se hace futbolista fuera de su país, cuando entiende que se tiene que cuidar todos los días”, relata Heinze. Cuando Sergio Agüero llegó en 2006 a Atlético de Madrid, el nutricionista del club colchonero abrió muy grandes los ojos al conocer los hábitos alimenticios del Kun: “Come solamente carne y no toma agua porque dice que no le gusta ni en pintura”. A muchos futbolistas argentinos que llegan a Europa les cuesta adaptarse a las nuevas pautas de nutrición. “Aquí está: la famosa Mila-Messi. Es lo que come el Leo siempre. Y de postre, heladito de fresa y chocolate, acompañado con Coca-Cola. Siempre”, cuenta Jorge, uno de los dueños del restaurante Las Cuartetas en el libro Ni rey ni D10s, de Sebastián Fest y Alexandre Juillard. La mala costumbre se cortó en 2009, era incompatible con la elite. Los excesos de grasa, el vicio por la carne roja, el rechazo a la leche, el pescado y las verduras describen un costado poco profesional. Claro, de chicos, algunos ni acceden a esa dieta. Ahí también llega el socorro social de los clubes.

La conducta de los chicos es cada vez peor. Las marcas que visten a la primera generalmente te entregan 10 o 12 pares de botines para las inferiores. pero si no son de alguna de las dos o tres marcas principales, los pibes te los tiran por la cabeza (Claudio Vivas)

La licenciada Bracco intenta ayudar a los pibes a resolver ciertas problemáticas. Pero cambió el escenario brutalmente. “Por ejemplo, hay chicos de 14 o 15 años que están transitando un desarraigo acá, en Capital, porque son de alguna provincia, y mientras tratan de adaptarse a un nuevo colegio, un nuevo club y otros amigos, encima les llega una propuesta del exterior. Eso los conflictúa y los mantiene en una atmósfera de castillitos en el aire. Entonces, se sienten más omnipotentes. Y el panorama se agrava si las familias apoyan estas cuestiones en lugar de alentarlos a que vivan las etapas, en lugar de quemarlas.”

Tantas fotografías oscuras proyectan una sombría película. El deterioro de varias estructuras básicas impacta sobre la producción del semillero. Frente a la sentencia de que ya no aparecen cracks como antes también convendrá rastrillar las razones más allá de los límites de una cancha: la avería sociocultural del país es parte de la explicación.

El mismo juicio en los extremos generacionales.

Maxi Rodríguez anda por los 35 años. “Hoy, un pibe de 14 años tiene representante, y eso ya es una distorsión. Ellos les dicen «mirá que te voy a llevar al Manchester y te doy dos pares de botines.». Entonces a ese pibe, después de darle dos pares de botines y un viático, ya se lo meten en el bolsillo. Y a la familia también. Ayudarlos está bien, pero no abusarse. Los pibes están más relajados porque no les cuestan las cosas, a muchos les da lo mismo ganar o perder. Hoy, en primera todos los chicos tienen auto, y yo me acuerdo de que siendo jugador de primera iba a dedo a las prácticas o me tomaba algún colectivo. Hoy los pibes se te quejan porque no recibieron el último modelo de un botín.” ¿Y saben de fútbol? “La mayoría no. No ven fútbol, están en otra. Es difícil cambiar a un chico de casi 20 años que está pendiente de la Play, la gorrita, la marca de la ropa. cuando están con esas boludeces descuidan la prioridad, que es jugar al fútbol. Además, desde hace un tiempo al vestuario te llegan chicos con problemas familiares muy graves.”

Giovanni Simeone aparece en el otro extremo generacional. Nació en Madrid y se radicó en la Argentina a los 10 años. Él es una rara avis en medio de las nuevas camadas. “¿Qué logran las personas que no se cuidan, que no se esfuerzan? Es gente que padece una enfermedad: la comodidad. La mayoría de los pibes es así, no viven el fútbol. No sé si no los apasiona. el entorno embarró mucho a los jugadores. Los padres no los aconsejan bien, muchos representantes no los ayudan. Por ejemplo, el presidente de la Nación quiere sacar a los «trapitos» de las calles, pero no es fácil tomar el control porque hay muchos condicionantes, ¿no? Y acá es igual, más allá de las intenciones de algunos, hay mucha gente en el medio. ¿Cuántos futbolistas terminan el colegio? Muy pocos, y sería esencial para entender un poco las cosas. Mis papás siempre me enseñaron qué es lo bueno y qué es lo malo. Algunos llegan a primera comiendo en McDonald’s y es difícil cambiarles la costumbre… Por ahí debutaste en primera, pero eso no significa nada, nos sos nadie todavía.” Simeone tiene 20 años.

Agremiados y un proyecto de vida alternativo.

La Fundación El Futbolista, brazo educativo de Agremiados, tiene un eslogan: “Tu progreso, nuestro desafío”. Ellos trabajan con futbolistas con inquietudes. A la fundación llegan chicos con interés. “Se ven mucho chicos-padre y muchos chicos con problemas de drogas también. Pero no es un tema del fútbol; quizá sí, el fútbol amplifica, pero a toda la juventud le pega”, acepta Carolina Ramenzoni, asistente del área educativa. “Si no estudiás, no tenés pensión, ésa es una decisión muy importante que están tomando varios clubes. Ha cambiado mucho el nivel de asistencialismo de los clubes; los profes y los técnicos están más atentos a lo que les pasa a los chicos. Muchos clubes ofrecen psicólogos, nutricionistas y asistentes sociales. Si la situación social se agravó, también creció la respuesta. El fútbol no se hace el distraído y atiende esas carencias”, analiza Carolina.

“Empezamos a trabajar en el 2000 y desde entonces la Fundación no para de crecer, y eso da cuenta del interés de muchos chicos. Encuentran un lugar que los escucha y que les ofrece herramientas. Encuentran un lugar para capacitarse para su futuro, porque a primera llegan muy poquitos. El fútbol tiene fecha de vencimiento y deben prepararse para un proyecto de vida alternativo. Nuestro abanico abarca desde terminar el secundario, becas para el nivel terciario y universitario y distintos cursos, por ejemplo de idiomas, computación, producción audiovisual, diseño multimedia, oratoria deportiva y taller de radio, primeros auxilios, varios más. Y totalmente gratis”, detalla Georgina Monteleone, asistente social de la fundación.

Además, especialistas de la Fundación acuden periódicamente a los clubes y ofrecen talleres de sexualidad responsable y adicciones a chicos de hasta 8va división. También hay un acompañamiento con los casos de doping. “El problema del futbolista siempre fue el mismo: cree que su vida como futbolista será para siempre. Un chico hace todas las inferiores y a la hora del primer contrato, el club elige sólo a dos y el resto se frustra. Esos chicos tienen que prepararse para las malas noticias y acá intentamos ofrecerles alternativas”, completó Carlos Pandolfi, presidente de Agremiados.

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