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“Al nene no le gusta” No caigas en el populismo alimentario

“Al nene no le gusta”: no caigas en el populismo alimentario

Las comidas que los chicos prefieren suelen no ser las mejores para su salud.

 

¿Quién toma la decisión en casa?

 

alimentos

 

La paternidad es hermosa. Es lo mejor que te pasó. Tus hijos son la luz de tus ojos, son lo que te motiva a seguir adelante. Todo muy tierno, pero la vida no es un cuento de hadas.

 

La paternidad es también una guerra interminable. Una batalla para que se bañen, otra para que se cepillen los dientes, otra para que hagan la tarea. Y así, podríamos continuar hasta el hartazgo. Algunas se ganan, otras se pierden, y tantas otras se decide no librarlas (“soldado que huye…”). Es que los recursos son limitados, las municiones son escasas y las batallas, demasiadas. Estar en pie de guerra es agotador.

 

La hora de comer se acerca. El aire comienza a espesarse. El sonido de los cubiertos y los platos, cual paso redoblado de un batallón marchando, adelanta lo que se avecina.

 

La comida está lista. Un enorme tazón de sopa de verduras impacta la mesa, cual proyectil de mortero. El chico mira la sopa. Los fusiles van al frente. Preparen, apunten…

 

—No quiero sopa.

 

Claro, al nene no le gusta, pobrecito. El nene prefiere las patitas de pollo rebozadas y las papas fritas. No es culpa del nene. Sus papilas gustativas funcionan bien.

 

populismo alimentario
¿Qué significa realmente que al nene no le guste?

 

Puede significar varias cosas, pero lo voy a resumir en dos grandes posibilidades. Una puede ser que la comida que se le ofrece tenga un sabor realmente desagradable, lo cual, al menos desde mi experiencia, no es lo habitual. Otra -desde mi punto de vista la mayoritaria- es que el nene quiera comer algo que le guste más. La pregunta es: ¿quién no? ¿Qué suele pasar en la elección de lo que se come? Que gana el nene. Que se le prepara lo que el nene quiere. Y lo que quiere, es lo que más le gusta. Elemental.

 

Imagino que a vos que estás leyendo también te gustan más las papas fritas que la ensalada, ¿no? ¿Por qué a veces comés ensaladas entonces? ¿Por qué no comés siempre papas fritas?

no me gusta
 

¿Quién toma las decisiones?

 

Imaginate la siguiente situación: viene tu hijo de 11 años y te dice que no quiere ir más a la escuela. No le cierra eso de levantarse tan temprano, ni de estar escuchando clases de cosas que no le interesan, y menos aún, lo de tener que dedicar tiempo a hacer tarea, o a estudiar para exámenes. El Facebook, la tele o la consola de juegos son más divertidos. Así que, después de meditarlo durante 3 minutos, tomó la decisión de que va a dejar de ir.

 

“Muy gracioso todo. Ahora andá a hacer la tarea.” Bien podrías decirle algo así.

comer
 

Sembrar hoy para cosechar mañana

 

Ir a la escuela no es negociable. La educación es fundamental para su futuro. Esa es una batalla que el nene no tiene posibilidades de ganar. Esa decisión la tomás vos por él, sencillamente porque vos sí sos capaz de pensar a mediano y largo plazo. Este es un comportamiento que se aprende y que se forja con la madurez. Se denomina formalmente como gratificación aplazada y refiere justamente a la capacidad de relegar el bienestar inmediato en pos de un mayor bienestar a futuro.

 

 

Los chicos, en su mayoría, carecen de esta capacidad o bien, la practican poco. Abunda, por el contrario, lo que se llama sesgo de descuento hiperbólico, que no es otra cosa que optar por la recompensa inmediata por sobre una mayor que puede darse más adelante en el tiempo. Esto no es exclusivo de los chicos, por supuesto, pero sí bien característico de su modo de pensar y actuar.

 

En un estudio realizado en la Universidad de Stanford a finales de los 60 y principios de los 70, que quedó en la historia con el nombre de Stanford Marshmallow Experiment (experimento del malvavisco de Stanford), un grupo de niños de entre 4 y 6 años fue evaluado de la siguiente manera: se les ofrecía un malvavisco (u otra golosina que eligieran) y podían optar por consumirlo inmediatamente, o por esperar 15 minutos sin comerlo, obteniendo otro adicional como recompensa.  ¿Qué crées que pasó?

 

La gran mayoría de los niños no resistió y optó por comer la golosina inmediatamente. Sin embargo, algunos sí esperaron. Lo interesante del estudio, además, es que se hizo un seguimiento de estos niños a lo largo de sus vidas, y se vio que aquellos que habían sido capaces de esperar, obtenían mejores resultados en sus exámenes, alcanzaban mejores niveles de educación, y presentaban menores índices de masa corporal.

comidas
 

La verdad de la milanesa

 

No nos mintamos. La verdad detrás de “al nene no le gusta” es que al nene le gusta más otra cosa, y esa preferencia se basa exclusivamente en su satisfacción inmediata. Que uno como padre decida aceptar eso y le dé vía libre, sea por el motivo que fuere, es en cierta forma algo así como un “populismo alimentario parental”. Pero eventualmente, tarde o temprano, siempre hay consecuencias.

 

Parece necesario volver a aclarar que la alimentación no solamente es un determinante del peso, sino también de la salud en un sentido amplio. Entonces, lo mejor que podemos hacer es evitar caer en este facilismo porque, detrás de esto, está en juego lo más importante: la salud de nuestros hijos. La misma que cuando peligra, nos hace salir corriendo a las guardias a la hora que sea, o a gastar lo que sea necesario para comprar un medicamento.


 

Reflexiones finales

 

Opciones y estrategias para enfrentar la situación hay muchas, pero cada circunstancia es tan particular, que dar una solución para todos es inviable e inconducente.

 

Para la resolución de cualquier problema se hace necesario un buen diagnóstico, una planificación de cómo resolverlo, y luego su implementación. En ese sentido, la ayuda de un profesional, tanto de la nutrición como de la psicología, podrían ser de gran utilidad.

 

En cualquier caso, construir alternativas requiere de información, creatividad y dedicación. Será necesario, además, poner en práctica la habilidad de negociación para llegar a acuerdos realistas con nuestros hijos. Quizás no podamos cambiar tanto como querríamos de un día para el otro, pero sin duda alguna, si realmente nos interesa su salud, es un camino que vale la pena recorrer.

 

*Ramiro Ferrando es licenciado en nutrición (MN 8571) y máster en nutrigenómica y nutrición personalizada. Su Web: Pienso, luego como.

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