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73.000 personas cantaron “¡Uruguayo, uruguayo!”

73.000 personas cantaron “¡Uruguayo, uruguayo!”

“¡Uruguayo, uruguayo!”, clamaron los 72.580 espectadores que acudieron al Camp Nou (bueno, la cada vez más numerosa colonia extranjera cantó lo que quiso o lo que pudo) cuando Luis Suárez marcó el 2-1 y desatascaba por fin otro partido complicadísimo ante el Celta. La figura de Sergio Álvarez comenzaba a crecer otra vez y amenazaba con tapar toda la portería y hasta el delantero centro había estrellado un balón en el poste con 1-1 en la primera jugada de la segunda parte. ¿Sería otra noche de meigas, como la de los cuatro postes de la pasada temporada en aquel 0-1 en el Camp Nou?

Pero Luis Suárez no está para supersticiones. Él llegó al Barça para marcar goles o ayudar a sus compañeros a lograrlos. Y en eso está. Ya había forzado la falta que Messi envió a la escuadra para marcar el 1-0. Y, enfadado con ese poste, peleó por un balón imposible, lo hizo suyo, combinó con Messi y remató a bote pronto su servicio para anotar el 2-1. En el 3-1 sacó su espíritu de depredador del área: el balón que se pasea por la línea, hay que empujarlo porque nunca se sabe qué puede ocurrir, aunque parezca que le quita la autoría del gol a Neymar. Y en el 4-1 se alió con Messi para despistar a todo el mundo en un penalti que sirvió de homenaje a Cruyff. Todavía se sacó de la manga dos asistencias magistrales que no desaprovecharon Rakitic y Neymar.

Participó en los seis goles, lleva 23, recuperando el Pichichi ante la presión de Cristiano Ronaldo (21), y 39 oficiales en 35 partidos de la presente temporada, pulverizando los registros del mejor Eto’o (36 en la temporada 2008-09). Este curso ya lleva cuatro ‘hat tricks’ y un póquer. Lo dicho: “¡Uruguayo, uruguayo!”.