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5 Cosas que aprendés cuando un contacto de Facebook muere

5 Cosas que aprendés cuando un contacto de Facebook muere

5 Cosas que aprendés cuando un contacto de Facebook muere

Un amigo Facebook mío murió hace poco y de repente a la edad de 36 años. Lo llamaremos Maximilliano Palangana o Maxi, para abreviar. Conocí a Maxi cuando estaba de vacaciones en Venecia, y yo no voy a insultar a sus amigos y familiares al pretender que teníamos una relación profunda y significativa. Pero, su muerte me enseñó algunas cosas, y por eso estoy agradecido con él.

Vos Vas va a morirte un día. Podría ser mucho más pronto de lo que crees, y, cuando ocurre, tus amigos de redes sociales no tendrán ni idea de cómo lidiar con eso. Esto es importante porque en este tipo de situaciones todo es completamente nuevo.

Nuestra generación (atiborrada de Redes Sociales) incluye muchas de esas personas como yo, que te conocen, pero sin conocerte. No son compañeros de trabajo o de clase, o personas que ves varias veces a la semana. Están encerrados en esta zona gris amistad extraña, en la que mente humana nunca ha sido programado para solucionar una desaparición tan repentina y trágica. Lidiar con la muerte cara a cara es, al menos, muy personal. La pérdida de un amigo en Internet, por otro lado …

# 5. Es surrealista e impersonal:

No le presté mucha atención al posteo de Maxi acerca de estar en el hospital. Sonaba grave pero no mortal, y ya había visto a otros amigos postear cosas similares pidiendo rezos o cosas así, entre sus posteos de recetas de bizcochos o alguna pelotudez de esas. El hecho es que ya era tarde, y debía irme a la cama porque como todo buen cristiano, había que trabajar al otro día.

En el momento en que revisé Facebook al día siguiente, las condolencias habían comenzado. ME sentí culpable: ¿cómo había olvidado último mensaje de Max?, ¿cómo no entendí la gravedad de su significado?.

En el momento en que mi memoria finalmente se espabila y comienzo a conectar los puntos (en medio de mirar imágenes de gatos o planes para ir a tomar algo por ahí el fin de semana) y que robaron a la muerte la repercusión que merecía. “Ah bueno, Alex está lanzando una fiesta. Oh hey, Maxi murió. Oh bueno, el Gato de Mariela es divino!”

No hay una buena manera de aprender acerca de una muerte súbita. Facebook es más o menos la peor manera de aprender acerca estos asuntos. Constantemente estás siendo bombardeado con información trivial, por lo que es imposible tomar en serio la noticia y darle consideración respetuosa.

Docenas de mensajes aparecieron todo el díaen el perfil de Max, en el que todavía se encontraba esa foto tonta de él posando con unos anteojos de Sol que le quedaban bastante tontos.

A veces, las personas que expresan las condolencias son tan torpes al hacerlo, que le suman incluso más surrealismo a todo. Cada mensaje de condolencias se intercalaba entre las fotos de bebés recién nacidos, selfies en restaurantes, y demás estupideces que la gente postea en esta Red Social.

Cada media hora, leía un nuevo recordatorio de la muerte de Maxi, y eso me hacía recordar a mi propia mortalidad, como parte de una sección transversal de la experiencia humana.

# 4. Extrañás las pequeñas interacciones:

Maxi me envió una solicitud de amigos después de disfrutar de uno de mis artículos (o tal vez lo odiaba, pero nunca llegó a decirmelo). Nunca hablamos de eso (o de cualquier otra cosa). El alcance de nuestros dos años y medio de duración amistad en Facebook se limitaba a nuestros gustos, y a comentar sobre los mensajes de los demás.

Es verdad: su impacto en mi vida fue mínima, y esa era la única verdad. Nuestra amistad equivalía a un partido de Fútbol que se escucha de fondo mientras dormitás en el sofá.

Podés abrir los ojos de vez en cuando y ver algunas jugadas, pero eso no es estrictamente necesario… siempre podés ver el resultado final en el Olé.

Pero me puse a buscar a través de nuestra historia en común, y me di cuenta de que sus mensajes eran un hecho cotidiano que iba a terminar perdiendo. Fue lo suficientemente amable como para siempre reírse mis chistes, incluso cuando eran terribles.

Compartió videos divertidos y artículos fascinantes, a menudo encontré divertidas sus interacciones. Él registró cambios frecuentes en sus estudios de la escuela de arte. Me gustaba su arte. Era bueno en eso.

Me alegré por él cuando sacaba buenas notas y triste cuando fallaba algún examen. Aprender un poco más de la vida reciente de Maxi se había convertido en parte de mi rutina diaria, aunque sólo sea por unos minutos al día.

Al igual que la mayoría de nosotros, el también registró una gran cantidad de cosas insignificantes que todo el Mundo olvidó (incluso él), pero leerlos en retrospectiva hizo a mi melancolía respingar.

Aunque dudo Max haya proclamando que estaba a la espera de la nueva peli de Los Cazafantasmas, el hecho de que ya no esté crea un impacto en mí en este momento, simplemente el nunca tendrá la oportunidad de ver ese Film. Y eso es tan trágico como predecible.

Yo estaba acostumbrado a ver el nombre de Max en mis notificaciones, y me tomó algunos días empezar a pensar “Me pregunto por qué no lo ha publicado nada recientemente…oh, mierda, claro…si se murió, pobre pibe”.

Es no es mucho si lo comparamos con las personas que sí lo tenían como parte de su vida, y que ahora tenían que adaptarse a su ausencia en las conversaciones, aulas y hogares. Es una ironía lo mucho que puede enriquecer tu vida un amigo online, aunque nunca lo tengas realmente en cuenta. Con sólo unos momentos y unos clics del Mouse, lo sumás a tu día a día, haciendo que el forme parte de tu día.

# 3. Aprendés mucho más de ellos de lo que habrías aprendido si no hubieses muerto:

Mientras observaba como los mensajes (tributos) aparecían en el muro de Maxi, descubrí que Facebook me había dado un punto de vista fundamental pero estrecho, de quién era Max.

Supe acerca de su educación, su arte y sus gustos en la cultura pop, pero, como el había mencionado en su perfil, y me di cuenta de que me estaba perdiendo algo de información básica de él que asumí ya había conocido.

Era mayor de lo que pensaba: tenía más de los 20 años que su foto de perfil me sugería. No sé si quería perseguir su sueño en la escuela de arte, o si se le había la cabeza en el mundo del trabajo, y decidió un cambio importante pra su vida.

O, tal vez él estaba en medio loco en plan de “Me voy de reviente a la universidad”, corte trama de película adolescente yankee saturada con chistes de pedos y bromas de fraternidades. Supongo que nunca lo averiguaré.

Me enteré de que Maxi tenía un marido, a pesar de que siempre había imaginado que un recto, sencillo, y bueno…heterosexual. Me di cuenta de que algunas de las fotos que había enviado eran con su marido (no un amigo), y de repente, la fotos de estos dos jóvenes de ojos brillantes que sonríen para la cámara en un momento simple de la vida, sólo unos meses antes de la muerte de Maxi , tuvo un significado muy diferente.

Miré el perfil de su marido y encontré que era mucho más propenso a compartir sus cosas (a diferencia de Maxi). Leí docenas de posts sobre ellos yendo al cine, a restaurantes con amigos, cuando iban al gimnasio, o simplemente cuando compartían una noche tranquila solos.

Al leer a través de su línea de tiempo y ver todos esos momentos felices que terminaron desencadenando todo en uno final y horrible, me sentí como que estaba presenciando una tragedia, la que ya era demasiado tarde como para poder evitarla. Me sentí muy mal por este hombre de luto, a pesar de que no tenía idea que existía hace una media hora.

Siempre tendí a ser el tipo de persona a que le rompe los huevos tener que ver todos y cada uno de los eventos mundanos que la gente comparte en Facebook, pero de repente entendí el atractivo de seguir todos esos momentos de vida de Maxi, de cada película y comida que con su Marido compartió. Con esa persona que amaba.

Volví al perfil de Maxi volví a ver cada artículo de BuzzFeed que había publicado, y que me hacían ver a los mismos como ventanas a las profundidades de su alma, a pesar de que siempre las ignoraba.

Maxi había vivido una vida larga y feliz, y nunca me he molestado para aprender un poco más sobre él. Uno de nosotros habría simplemente dejado de usar Facebook en algún momento, y yo nunca habría vuelto a pensar en él otra vez.

Imaginá tener un par de cientos o un par de miles de amigos en Facebook, y pensá lo complicado que puede llegar a ser tratar de llegar a conocerlos a todos personalmente. Eso no sólo es poco práctico, sino que además es imposible. En algunos casos, es francamente inhumano. Pensá en eso … ¿te gustaría que tu legado quede solo en forma de lo que posteás en una Red social?

Mira el muro de tu Facebook o de Twitter ahora, y tratá de no estremecerte ante este hecho: Así es como muchos de tus amigos recordarán lo que fuiste: por esa última cosa que acabás de postear en una red Social.

#2. No sabés que hacer:

Cuando alguien a quien conociste en persona muere, es normal que vayas al velorio, no importa cuán distante era tu amistad con él/ella. Tal vez vas para apoyar a un amigo cercano, o quizás por el viejo recuerdo que quieras compartir con esa persona que se fué por última vez, o incluso simplemente no tenías nada mejor que hacer esa una tarde de domingo. Cualquiera sea la razón, al menos va a ser algo catártico.

Pero presentándote como “Hola, soy un fulando de la Internet” sería espeluznante e intrusivo. Yo nisiquiera pude escribir en el muro de Maxi porque me preocupaba que pensaría la gente si un extraño le da las condolencias al muerto, justo en el lugar en el que todos sus seres queridos leen eso.

Parte de mí agonizó mientras redacté este este post. ¿Es esto un homenaje, o estoy siendo macabro relator de la muerte de alguien que solía conocer online?

Se considera perfectamente normal tener amigos serios online en estos días, pero no hemos llegado al punto en que sean considerados como “reales”: o sea un amigo con el que andás, de carne y hueso. Un buen amigo en línea se siente tan real para nosotros como uno de la vida real, pero los padres que lo criaron, y los amigos que crecieron, sus compañeros de trabajo, y con los que se iba de fiesta, no podrían estar más en desacuerdo.

Uno quiere ofrecer un homenaje al muerto y apoyar al duelo, pero no se puede porque se siente claramente que no pertenecés a ese lugar.

Somos la primera generación de la humanidad que ha tenido que lidiar con la muerte y e Internet al mismo tiempo, pero no será la última. Cuanto antes podamos averiguar las normas, mejor, pero, por ahora, me sentiría extraño presentarme en el velorio de Maxi y decir “Hola, él nunca me conoció y nunca lo hará, pero a veces a su marido le gustaron mis posteos de Facebook. Siento mucho tu pérdida, realmente estamos sufriendo juntos” si bien es un mensaje que tiene buenas intenciones, probablemente no sea tan bien recibido.

Internet sigue pareciéndose cada vez más a la realidad, a punto tal que se siente arcaico separar las dos cosas, pero la muerte es un tema en el que el abismo es todavía enorme.

Volví a mirar el perfil de Maxi en Facebook solo, en mi habitación a oscuras, sintiéndose mal por no ser capaz de ofrecerle un pésame a él o a sus parientes, cuyo dolor era mil veces más grande qeu el mío, y me preguntaba cuando volvería a sentirme bien el hecho de publicar fotos graciosas de gatos.

#1. Nunca realmente termina:

Los homenajes seguían apareciendo En el muro de Facebook de Maxi, a medida que pasaban las semanas. Algunos eran sentidos, otros de claro mal gusto, y algunos sólo parecían un desperdicio de palabras, no importa el tiempo que le dedicaron a escribir semejante cursilería.

Muchos de sus amigos (los de carne y hueso) compartieron recuerdos que tenían, o que deseaban que los que querían recordar a Maxi los viesen. Otra gente optó por hacer algo que les recordaba a Max, o compartieron un contenido que pensaron que a él le hubiera gustado.

Un tipo le envió un mensaje instando a que se sienta mejor, pero que llegó demasiado tarde (porque todos tenemos esa clase de amigo). Un tal Carlos.

Después de todo este tiempo de ni siquiera pensar en este tipo como un ser humano real, me había puesto de repente a recordar su humanidad, y la pérdida de la misma, todos los días.

Los mensajes han dejado de aparecer (por ahora), pero estoy seguro de que habrá más. En los aniversarios de un matrimonio, en días festivos que se deberían haber disfrutado juntos, en momentos en que Maxi simplemente se cruzaría al azar en la mente de los que alguna forma formaron parte de su vida.

Si no has sido testigo de esto todavía, lo harás. Se estima que Facebook tendrá más usuarios muertos que los que viven ya en 2060. Facebook tiene opciones de legado que le permiten a los que te sobreviven, convertir su página en un monumento virtual operado por ellos, o simplemente se puede eliminar la cuenta, para que se pierda en el abismo de la red.

Por ahora, no están ampliamente utilizadas estas opciones, o incluso son conocidas, porque los abuelos apenas pueden encontrar la manera de compartir fotos de vacaciones y ningún joven quiere empezar a planificar la cuenta de sus parientes para una muerte que es pronta.

Por eso, la mayoría de los perfiles terminarán en el limbo de la Web como el de Maxi, en estado latente, pero cada dos por tres, homenajes y recordatorios de cumpleaños serán escritos, y que nunca van a poder celebrarse.

Las últimas palabras en último mensaje de Max fueron “La UCI da miedo. 5 Cosas que aprendés cuando un contacto de Facebook muere5 Cosas que aprendés cuando un contacto de Facebook muere (Unidad de Cuidados Intensivos).

Lo veo ahora, y todo lo que puedo pensar es que un emoticon nunca ha sido tan inadecuado, y sin embargo tan devastador. Realmente no sé qué clase del legado Maxi dejó atrás en la vida real, pero es bueno saber que hay un pequeño rincón de Internet que siempre va a servir como un monumento a su vida, el arte y el amor. Gracias por el hecho de que te gustaron todos mis chistes tontos.

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