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43 Crímenes para resolver (parte I)



43 CRÍMENESPARA RESOLVER


Daniel Samoilovich

 

 

43 Crímenes para resolver (parte I)





 43 Crímenes para resolver (parte I)


1. EL CASO DE LOS NOMBRES INVENTADOS

 

43 Crímenes para resolver (parte I)

 

 

El profesor Sisley acababa de cenar cuandosonó el teléfono. Pidió a su amigo, el comisario inspector Bernard Cross, quele diera un minuto para encender su cigarro, y luego se dispuso a escuchar:

—Sisley —dijo el comisario Cross—, estoy en unaprieto. Tengo aquí a varios sospechosos de integrar una banda de contrabandistas;les he pedido alguna identificación, ytodos tienen sus carnets de conducir. No tengo tiempo ahora de verificar si loscarnets son verdaderos o están falsificados; no soy un especialista en carnetsde conducir, pero esta gente no me gusta y tengo la intuición de que son unosfarsantes.

—Una intuición es tu creatividad que trata dedecirte algo, Bernard. Lo escribió el famoso director de cine, Frank Capra.

—¡Sisley, no me vengas con frases! Si miintuición trata de decirme algo, o bien tiene la lengua enredada por haberbebido mucho, o bien yo estoy medio sordo, porque no entiendo lo que me dice. Ysi no consigo algo un poco más contundente que mi intuición, tendré quedejarlos libres.

—A ver, dime cómo dicen llamarse tussospechosos.

—OK, según estos malditos carnets los pájarosse llaman: Vanesa O. Luner, Gastón Whin, T. Estela, Aaron Battlefield y Sara C.Cofinns.

—¿Podrías deletrearme el apellido de ese talGastón Whin?

—W-H-I-N.

— ¡Vaya si serán tontos! ¡Mira los nombres quese han puesto!

—¿Verdad, Sisley, que son nombres un pocoraros?

—El de Mr. Battlefield puede que seaverdadero; los demás son obviamente falsos. Están construidos mezclando lasletras de cosas que todo Estados Unidos conoce perfectamente bien.

 

¿A qué se refiere Sisley? ¿Qué tienen departicular los nombres de los sospechosos, excepto el de Mr. Battlefield?

 

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Solución

 

1. el caso delos nombres inventados

 

Todos,menos Battlefield, han construido sus nombres entremezclando las letras degrandes ciudades norteamericanas: Vanesa O. Luner = Nueva Orléans, Gastón Whin= Washington, T. Estela = Seattle y Sara C. Cofinns = San Francisco.

 misterio



2. EL CASO DEL HOMBRE ATADO

 

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Tras un agradable almuerzo, el profesor Sisleyy su amigo, el notario Alfred Ericson, se encaminaron al despacho de éste en unedificio de la Avenida Madison; no tan agradable fue la sorpresa de ambos alatravesar la sala de espera del despacho y entrar en él. Allí estaba la cajafuerte abierta, papeles desparramados por todo el piso, y sobre los papeles,como si fuera un lechón presentado en una bandeja, firmemente atado y con unacinta adhesiva en la boca, el joven secretario de Ericson, Albert Barney.

El notario se precipitó a auxiliar a suayudante, que en tan desairada posición estaba, mientras Sisley encendía uncigarro y pegaba una ojeada a la caja fuerte. Ahí adentro se veían apiladosvarios sobres que probablemente contuvieran documentos, un pequeño estuchecerrado de cartón azul y no mucho más.

Mientras tanto, Barney parecía repuesto, y encondiciones de contar su odisea:

—Estaba trabajando, con la caja fuerteabierta, cuando aparecieron los maleantes. No sé cómo habrán entrado, tal vezcon una ganzúa. Eran tres, y estaban armados. Me ataron así como usted meencontró, y se precipitaron sobre la caja fuerte, tomaron el dinero y, nocontentos con eso, empezaron a revolver el despacho, abriendo carpetas,volcando su contenido y revolviendo por todos lados.

—¿Había cosas de valor en la caja? —preguntóSisley a su amigo.

—Había unos 20.000 dólares en efectivo, creo,algo más que de costumbre. De todos modos, el dinero estaba asegurado. Lo quemás me preocupa es el desorden, y el susto que le han pegado a este pobrejoven.

—¿Qué hay en el estuche de cartón?

—Una medalla que le dieron a mi padre en laguerra. ¿Se la han llevado? Eso me apenaría mucho, la verdad.

Sisley se dirigió a la caja fuerte, se pusounos guantes, abrió el estuche y confirmó que la medalla estaba allí. Luego, sedirigió al secretario:

—¿A qué hora fue el asalto?

—Serían las 13, más o menos, y habrán estadoaquí unos diez minutos. Cuando se fueron, traté de soltarme, pero no pudemoverme un milímetro; como usted vio me habían atado bastante bien.

—Efectivamente, lo ataron muy bien, pero todolo demás lo hicieron muy mal. Me temo, Alfred, que este joven fue cómplice delos ladrones.

 

¿Por qué sospecha Sisley del secretario?

 



Solución

 

2. el caso delhombre atado

 

Silo primero que los ladrones hicieron fue atar al secretario, es imposible quequedara sobre los papeles volcados en el suelo; él mismo dice que no pudo«moverse un milímetro». Los ladrones fueron directamente a tomar el dinero yluego volcaron los papeles para dar una escenografía al robo; finalmente,ataron a su cómplice, el secretario, y se fueron.

Porotra parte, el hecho de que no hayan rebuscado en la caja fuerte (losdocumentos que allí había quedaron en orden), muestra que sabían exactamentequé era lo que había de valor en la misma: el dinero en efectivo, y nada más;el estuche con la medalla ni se molestaron en abrirlo: si lo hubieran hecho, nose hubieran tomado el trabajo de cerrarlo.

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3. EL ASESINO ES…

 

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—¿Cómo va eso, Bernard? —preguntó el profesorSisley.

—Una de cal y otra de arena. Como sabes, elmes pasado un grupo de sicarios, que actuaban por cuenta del clan Armerina,emboscó el automóvil de un «capo» rival, Carlo Minucci. Lo esperaron en uncamino rural, lo hicieron detenerse, lo bajaron del automóvil y lo mataron deun limpio balazo en la nuca. Bien, ayer logré atrapar a la banda completa delos cuatro que actuaron en el crimen.

—Supongo que esa es la de cal. ¿Y cuál es lade arena?

—Que hoy he perdido a un valioso informanteque tenía metido entre los Armerina, que están cada vez más envalentonados.Para colmo de males, lo mataron justo cuando iba a decirme quién de los cuatropájaros que tengo presos es el que apretó el gatillo y ejecutó a Minucci.

—Imagino que no has podido convencerlos aellos mismos de que te lo digan.

—¡Muy bien imaginado, Sisley! En realidad, hanhablado bastante, pero no puedo sacar nada en limpio de lo que han dicho; seacusan mutuamente, eso es todo.

—¿Y qué pasó con el informante?

—Estábamos hablando por teléfono, le leí lasdeclaraciones de los presos y me dijo: «Tres de los muchachos le estánmintiendo y uno dice la verdad. El asesino es…»; y ahí mismo escuché elbalazo con que lo mataron.

—A ver, léeme a mí también exactamente quédijeron.

El comisario rebuscó entre sus notas y leyó:

—«Albertazzi afirma que Verduchi fue quienejecutó al capo; Verduchi afirma que fue Marasso; Marasso dice que Verduchimiente cuando dice que fue él; y Bardana declara que él no fue.» ¡Pura basura!¿Qué va a hacer uno con este hato de mentiras contrapuestas?

—Sin embargo, tu informante llegó a decirteque una de esas afirmaciones era verdad. En ese caso —y espero que ahoraninguna bala venga a tronchar mi apacible vida— el asesino es…

 

¿Puede el lector deducir quién es el asesino?

 



Solución

 

3. el asesinoes…

 

Bardana.Explicación: Verduchi y Marasso se contradicen; por lo tanto, si uno miente elotro dice la verdad, y viceversa. Así sabemos que el único veraz es uno deellos dos. Por lo tanto Albertazzi y Bardana mienten, y como Bardana dice queél no fue el asesino, pues sí fue.

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4. EL CASO DE LAS MALDITAS HUELLAS

 

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Era curioso que cupiera tanto desorden en unrecinto tan pequeño: los ladrones no habían dejado un centímetro cuadrado sinrevolver de aquella mínima joyería de la calle 47, en el corazón del llamadoDiamond District de Nueva York.

—Han dejado todo hecho un revoltijo, pero hanrealizado un trabajo limpio —dijo el comisario Cross al profesor Sisley, queacababa de llegar—. Han desconectado la alarma y las videocámaras exitosamente,han revuelto todo, han dejado todas las chucherías tiradas por aquí, y se hanllevado sólo las piedras de mayor valor. Trabajaron todo el tiempo con esos dospares de guantes de goma amarillos que ves tirados allí, donde los dejaron, yno hay caso de encontrar una huella digital. Ni un fragmento de una malditahuella.

—Me extrañaba que tardaras tanto en empezar amaldecir —comentó lacónicamente el profesor Sisley.

—¿Quieres que maldiga un poco más? Puedohacerlo: realmente no tengo por dónde empezar. Parece evidente que no ha sidoun maldito empleado de la joyería, porque si no los ladrones no hubieran tenidoque revolver tanto; en los pocos segundos que la maldita cámara llegó a filmar,los dos delincuentes aparecen cubiertos con pasamontañas; no son muy altos nimuy bajos, ni tienen ninguna maldita seña que me sirva para identificarlos.¿Está bien así?

—Muy bien —respondió alegremente Sisley—.¿Sospechosos?

—Varios —dijo el comisario Cross—. Tengo en laciudad, entre residentes y visitantes, a unos veinte o treinta experimentadosladrones de joyas, pero malditas las ganas que tengo de investigar lascoartadas de todos ellos.

—No hará falta —dijo el profesor—. Mira, nocreo que este sea un trabajo de tus delincuentes muy experimentados; podemosencontrar unas buenas huellas digitales por aquí.

—¿No te digo que no hay ninguna? Mira losmostradores, las joyas descartadas, la alarma, las puerta, los interruptores deluz… todo cubierto de polvo detector, y ni una maldita…

—Hay un lugar que, según veo, no hasinvestigado, y donde probablemente haya unas huellas bien marcadas.

El comisario Cross miró alrededor, y de prontocayó en la cuenta de dónde podían estar las malditas huellas. Sonriendo, volvióa tomar el frasco de polvo detector y se dispuso al trabajo.

 

¿De qué se ha dado cuenta el comisario Cross?¿Dónde le falta buscar?

 

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Solución

 

4. el caso delas malditas huellas

 

Ellugar que falta revisar, y donde es muy probable encontrar huellas dactilares,es el interior de los guantes de goma. Los guantes de goma son un gran veneropara los investigadores: si son muy delgados y ajustados, a veces las huellasquedan claramente marcadas en los objetos a través de los guantes; y si sonamplios y de goma más gruesa, como parecería ser este caso, las huellas quedanmarcadas en el interior de los guantes. Los delincuentes experimentados losaben, y no usan guantes de goma o, si lo hacen, no los abandonan en el lugardel crimen.

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5. EL CASO DEL PÁJARO DE ORO

 

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—Ustedes saben —dijo el profesor Sisley a susalumnos de la Escuelade Investigadores— que Bután es hoy un gran exportador de energíahidroeléctrica, cuyo comprador es principalmente la vecina India. Pero hastamediados de los años 6o, Bután carecía de electricidad y, a cambio, abundaba entempletes consagrados a Buda, yaks y contrabandistas.

Desde luego, los alumnos no lo sabían, ni esoni casi nada sobre aquel pequeño reino asiático: pero hartos de las tablas detiempos de descomposición de cadáveres, las complejidades del nuevo sistemaAFIS de identificación de huellas digitales por ordenador y los polígrafos deúltima generación,esta evocación de un pequeño reino perdido en el Himalaya, bullendo dedelincuentes, consiguió despertarlos un poco.

—Bien, corría el año 1961 y un grupo decontrabandistas se habían hecho con un pequeño pájaro de oro, robado de untemplo budista del siglo xvi. Para poder sacarlo fácilmente del Reino,decidieron fingir que era una simple bagatela dorada; así, hicieron sietepájaros dorados más, iguales en aspecto al verdadero, esperando pasar el pájarode oro y sus réplicas a través de la frontera como artesanías seriadas deescaso valor. Las réplicas eran muy buenas: de hecho, eran demasiado buenas, yeso se transformó en un problema para nuestros bandidos, porque tras una nochede mala borrachera con alcohol casero —la venta de alcohol estaba prohibida entodo el Reino— el pájaro verdadero se les confundió con los falsos.

Así fue que una noche, a la luz de las velasdel único hotel de la capital discutían cómo hacer para identificar el verdaderopájaro de oro; el único dato útil que tenían para ello era el recuerdo de queera apenas un poco más pesado que los falsos. Se propusieron entonces ir a lamañana siguiente al bazar de la plaza central y pesar los pájaros en unabalanza de dos platillos, de dos en dos, hasta encontrar el verdadero. Empero,no querían despertar sospechas pesando y pesando sus pajaritos; urdieronentonces la manera de distinguir el pájaro de oro en pocas pesadas. ¿Cuántascreen ustedes que será el mínimo de pesadas necesarias?

—Con tres es suficiente —dijo la joventeniente Trisha Richmond, una de las mejores alumnas de Sisley—. Se pesancuatro y cuatro; la balanza se inclinará hacia el grupo de cuatro que más pese;se divide ese grupo en dos y dos, y otra vez la balanza se inclina al grupo máspesado; entonces se pesan los dos pájaros de ese grupo, y el más pesado es elde oro verdadero.

—Muy bien. ¿Y en dos pesadas, cómo lo harían?

 

¿Cómo lo haría usted, lector?

 

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Solución

 

5. el casodel pájaro de oro

 

Secolocan tres pájaros en un platillo y tres en otro: si pesan igual, en lasegunda pesada se comparan los pesos de los otros dos, y el caso está resuelto.

Si,en cambio, la balanza se inclina hacia uno de los grupos de tres, se toman lospájaros de ese grupo y se hace una segunda pesada colocando en cada platillo unpájaro: si la balanza se inclina hacia uno de los dos pájaros, ése es el deoro; si pesan igual, el de oro es el que quedó sin pesar.

 misterio



6. CON POCO, MUCHO

 

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Cuando el profesor Sisley dejó un peón en unaposición descubierta, su antiguo camarada de la universidad, Martin Adams, lotomó; pero unas pocas jugadas después, a resultas de esa captura, Adams perdióla dama y abandonó la partida.

—Oh, el viejo principio —dijo mientras guardabalas piezas—. Con nada no se puede hacer nada, pero aceptando perder un poco sepuede ganar mucho. Lo malo es perder, un poco o mucho, por nada.

—Muy filosófico, Adams. Veamos, ¿qué tepreocupa? Debe ser la primera vez que te gano, y no creo que hubiera podidolograrlo si no estuvieras distraído con algo.

—Bueno, sólo una tontería, pero una tonteríaperturbadora. ¿Ves a aquel caballero con chaqueta gris que está jugando junto ala ventana? Es un viejo conocido que disfruta de una posición muy acomodada, posiciónque a menudo él mismo se ocupa de desacomodar por su afición a la ruleta. Haceunas semanas me pidió prestados 400 dólares, y cometí el error de acceder a supedido. Desde entonces, le he pedido un par de veces que me los devuelva, y meha dicho siempre que no los llevaba consigo. Me resulta incómodo insistir, perotambién me resulta molesto no cobrar. Mira, acaba de terminar su partida. ¿Mepermites un momento?

Adams se acercó al caballero y conversó unrato con él; Sisley vio que el hombre de la chaqueta gris sacaba un talonarioescribía un cheque y lo entregaba a Adams, quien volvió junto a Sisley con carade pocos amigos.

—¿Qué pasa? Parece que te ha devuelto eldinero, finalmente.

—Me ha dado un cheque por 400 dólares, que noes lo mismo. En la hoja de resumen del talonario he entrevisto que lo que tieneen cuenta son 380 dólares. Estuve a punto de decirle algo, pero estamos en unclub de caballeros y una discusión de ese tipo sería algo de mal gusto. Coneste papelito, en resumen, puedo crearle algún problema, pero nada más; apenaslo presente a un cajero, me lo devolverán con un sello de «Fondosinsuficientes».

—Adams, ¿recuerdas lo que me dijiste hace unosminutos? Perdiendo un poco, se puede ganar mucho. Ven, vamos ya a recuperar tudinero… o al menos, la mayor parte de él.

 

¿Qué piensa hacer Sisley?

 

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Solución

 

6. conpoco, mucho

 

Enel banco, hacen un depósito de 20 dólares en efectivo en la cuenta del deudor,luego cobran el cheque de 400 dólares.

 crimen



7. EL CASO DE LA JOVEN HEREDERA

 

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—¿Tiene la llave? Démela —dijo el comisarioCross, mientras se calzaba unos guantes.

—Aquí está —respondió el viejo jardinero—.¡Oh, esto no puede estar pasando! ¡Esto es horrible, señor!

El comisario Cross no prestó atención a las lamentacionesdel hombre e introdujo la llave en la cerradura; no hizo falta darle unavuelta: bastó que destrabara el pestillo y la enorme puerta se abrió.

En el interior de la gran mansión estilo Tudorde los Mindall, había unas pocas luces encendidas y reinaba un gran silencio.La pequeña caravana formada por el jardinero, el comisario Bernard y elprofesor Sisley ascendió veloz y calladamente a la segunda planta de lamansión, y efectivamente lo que allí se vio no era agradable. La señoritaMindall, joven heredera de los millones de la familia, yacía en el suelo, conun largo vestido negro de noche y un balazo en el rostro. La sangre se habíasecado sobre su cuello desnudo.

Mientras Sisley, con las manos tras laespalda, miraba un poco por todos lados, el jardinero contó a Cross lo quehabía pasado:

—A eso de las tres de la mañana el perroempezó a quejarse, y, pese al frío, lo saqué a dar una vuelta por el parque. Vilas luces de estas ventanas encendidas y a la señorita Mindall discutiendo consu novio. No oía nada, por supuesto, pero los veía, a ella con su vestido largoy a él de smoking, gesticulando ambos en forma amenazante, hasta que él sacóuna pistola y disparó contra ella. Luego él se agachó, le quitó algo delcuello, no sé qué, aunque tengo buena vista se imaginará que tanto detalle nopodía ver. Inmediatamente él se dirigió a la escalera y dos minutos más tardesalió por la puerta; sin esperar un minuto, mientras él se alejaba llamé a lapolicía y regresé al parque a esperar que ustedes llegaran. Eso es todo, por miparte. —¿Alguien más habrá escuchado el disparo? —No. Los criados tienen su díalibre hoy y los señores Mindall están en Europa. ¡Ay, Dios mío, no sé cómo vana sobrevivir a esta desgracia!

Sisley se desentendió entonces de la macabra escenaque estaba examinando y preguntó:

—¿Tiene idea a qué hora salió y a qué horavolvió la señorita Mindall?

—No. Debe haber salido a última hora de latarde, cuando yo estaba en el otro extremo del parque, y habrá vuelto tarde,mientras yo dormía.

—¿Entró usted en la casa antes de quellegáramos?

—¡Oh, no, Dios me libre! ¡Tenía mucho miedo!

—Hace bien en tener miedo. El comisario Crossva a arrestarlo ahora mismo como sospechoso de asesinato.

 

¿Por qué el profesor Sisley sospecha deljardinero, aun antes de comprobar si el novio de la señorita Mindall tiene unacoartada?

 



Solución

 

7.el caso de la joven heredera

 

Desdeel parque, el jardinero nunca pudo observar en una ventana de la segunda plantasi el vestido de la señorita Mindall era largo o corto; no importa cuán buenafuera su vista, el ángulo de visión se lo haría imposible; nótese que no setrataba de ventanales modernos, hasta el suelo, sino de una mansión estiloTudor. Tampoco pudo ver que el novio de ella le quitaba algo del cuello: una personayacente y otra agachada necesariamente tenían que quedar fuera de su campovisual. Por último, en su afán por incriminar al novio, el jardinero mezcló una«escena» de discusión aparentemente pasional con otra de robo, lo cual no esmuy verosímil. Más tarde la policía encontró enterrada en el jardín, cerca dela casa del jardinero, la gargantilla de diamantes que la señorita Mindallllevaba puesta aquella noche.

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8. BATMAN Y ROBIN, AL ATAQUE

 

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—Tengo a los tres de la banda. Fueron Lends,Jameson y Stratt —dijo el comisario Cross— pero no sé cuál es el que disparó.

—A ver, cuéntame un poco —respondió elprofesor Sisley.

—Tres delincuentes asaltaron un supermercadodel Barrio Chino. Uno se quedó afuera, al volante y con el automóvil en marchay los otros dos entraron. Llevaban pasamontañas y se llamaban mutuamente Batmany Robín. En un momento, una señora se puso histérica y empezó a gritar, y elllamado Robin le disparó en una pierna. Luego, escaparon con su magro botín,unos 700 dólares. Se repartieron el botín en el mismo automóvil y se fueron afestejar. Para su mala suerte, el festejo fue en un cafetín de mala muertedonde yo tenía apostado un hombre con buen oído. Allí hablaron bastante (yodiría: de más) pero ahora, en cambio, no dicen ni pío.

—¿Y qué es lo que llegó a escuchar tu hombre?

—Tampoco te creas que gran cosa. Mucho ruido ypocas nueces; lo suficiente como para incriminarlos, pero, como te decía, pocosdatos sobre qué hizo cada uno. Especialmente, por supuesto, me interesa saberquién hirió a la mujer, pues su responsabilidad criminal es mayor.

—OK, pero, concretamente, ¿qué sabes?

Bernard Cross tomó su libreta de notas y leyó:

—Uno: estos tres, y nadie más, fueron losladrones, y el apodado Robin fue el que hizo el disparo. Dos, el que estaba alvolante fue el que recibió la parte más pequeña del botín, de lo que se quejabaamargamente; aseguró que era injusto, y que apenas le alcanzaría para llevarlealgo a su madre, que es muy anciana y está a su exclusivo cargo, pues no tieneotros hijos; en fin, un tremendo drama filial cuyos detalles te ahorro. Tres,Stratt, que está casado con la hermana de Lends, recibió en el reparto veintedólares más de los que recibió «Robin».

Mientras Cross hablaba, el inspector había trazadoen un papel este esquema:

 

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Luego empezó a llenarlo velozmente, de modoque cuando Cross terminó de hablar tardó sólo un instante en anunciar quiénhabía hecho el disparo.

 

¿Quién había sido?

 



Solución

 

8. batman y robin al ataque

 

Eldisparo lo hizo Lends; era él quien llevaba el apodo «Robin».

Explicación:Lends no es el conductor, porque no es hijo único, y Stratt tampoco, porque noes el que menos recibió. Por lo tanto, Jameson fue el conductor. Por otraparte, Stratt no es «Robin» (recibió más que «Robin»), así que «Robin» debe serLends.

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9. EL VEINTE POR CIENTO DE NADA

 

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A veces, el profesor Sisley se definía a símismo como un arqueólogo con un hobby, la investigación criminal; otras,prefería decir que era un policía retirado y un arqueólogo amateur; la mayorparte del tiempo, no se preocupaba por las definiciones. En todo caso, esta vezera la pasión por la arqueología, en particular por la antigua cultura muisca,la que lo había llevado a Tunja, en el departamentocolombiano de Boyacá. Allí estaba,tomando un whisky en la barra de su hotel, cuando un locuaz cuarentón, conacento británico y el rostro completamente curtido por el sol, se sentó junto aél.

—¿Qué tal, Doc? Yo, personalmente, feliz dehaberme podido dar al fin un buen baño y afeitarme una barba en tres meses,después de hacer un recorrido increíble por estos andurriales.

—¿Turismo? ¿Aventuras? —preguntó brevementeSisley.

—Más bien aventuras, diría yo —respondió eldesconocido. Y, bajando la voz, agregó—: Esmeraldas.

—¿Ah, sí?

—Sí. He encontrado unos yacimientosincreíbles. Hay que meterse en balsa y en bote por ríos grandes y pequeños,recorrer tramos accidentados en vehículos todo terreno y finalmente andar bajoel sol implacable, pero allí están. Ahora estoy buscando socios para iniciaruna explotación. Hace falta una gran inversión, pero estoy dispuesto acompartir el veinte por ciento con el que me respalde.

—¡Qué pena, que el veinte por ciento de nadasea nada!—replicó Sisley—. Más vale, amiguito, que pagues tu propia copa y tevayas por ahí a buscar incautos más incautos que yo.

 

¿Por qué el profesor Sisley está convencido deque se trata de una mentira?

 



Solución

 

9. elveinte por ciento de nada

 

Siel desconocido hubiera tenido, como dijo, una barba de tres meses, una parte dela cara le hubiera quedado blanca después de afeitarse.

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10. LOS TRILLIZOS NOODLES

 

 

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—¿Por qué protestas, Bernard? Muy a menudo notienes ni una pista, ni la sombra de una pista, y ahora resulta que tienes treslindos pájaros metidos en la jaula.

—Muy bien, tengo a los trillizos Noodles, lossimpáticos Mickey, Charlie y Alphonse Noodles, bien asegurados, es cierto; suautomóvil fue visto acercándose a la mansión de los Woodcut hacia medianoche;pero resulta que no sé si en el robo participaron los tres, o dos de ellos, ouno solo.

En eso estaban cuando entró el teniente Hiram:

—Todos mis informantes me aseguran queAlphonse, por más que le gusta dárselas de malo, con tachuelas de metal,tatuajes, ropa de cuero y armas pesadas a cuestas, es demasiado cobarde paraentrar a robar a ningún lado si al menos uno de los otros no lo acompaña.

—¿Pero, acompañado, sí pudo haberlo hecho?

—Por supuesto. De hecho, su profesión es la deladrón, ¿no es cierto?

—Pero en esta ocasión, podría no haber robado,¿verdad?

—Desde luego. Alphonse ha cometido muchosrobos, pero no todos los robos han sido cometidos por Alphonse.

El comisario Cross no estaba muy seguro de siHiram estaba tomándole el pelo o simplemente describiendo hechos. En eso, entróotro policía:

—La coartada de Charlie Noodles estáconfirmada. Estuvo en el teatro y después en una fiesta que terminó a las 3 dela madrugada, y medio mundo lo vio por allí. Para variar un poco, bebió de más,así que se hizo notar bastante.

—Y estamos seguros de que el robo se cometióantes de las 3, ¿verdad?

—Así es. A las 2.30 los Woodcut llegaron a sucasa y la encontraron saqueada.

En ese momento sonó el teléfono y el comisarioatendió.

—Mmm… dinamita… una nota… firma «elvampiro explosivo»… mmm… entiendo… ¿podrías esperar un poco? Estoy con elrobo en lo de los Woodcut.

Colgó el teléfono, y volvió a sus ayudantes:

—Muy bien: ¿y qué hay de Mickey?

—Me temo que nada —dijo el teniente Hiram.

—¿Tú qué piensas, Sisley? —preguntó elcomisario a su amigo.

—Que en esta comisaría hay demasiado ruido.—De hecho, en ese preciso instante llegaban un par de patrulleros con «elproducto» de una redada en el Barrio Chino—. Si hubiera un poco de calma, yatendrías claro, al menos, que Mickey es…

 

¿Qué? ¿Culpable o inocente?

 



Solución

 

10. lostrillizos noodles

 

Culpable.Como Charlie es inocente, si Alphonse también lo fue, tuvo que ser Mickey elculpable. Y si Alphonse fue culpable, como debió contar con un cómplice,también resulta que Mickey fue culpable.







 

 

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