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22 Confesiones sorprendentemente honestas de un veterinario

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22 Confesiones sorprendentemente honestas de un veterinario

1. Antes de que preguntes: sí, todos hemos puesto nuestras manos en el trasero de una vaca.

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Incluso si vamos a especializarnos en animales pequeños, es parte de nuestro entrenamiento. Lo hacemos por varias razones y sí, se siente raro. Además, puedes salir herido si la vaca se mueve repentinamente, y hay una buena probabilidad de recibir una patada. Qué divertidos momentos.

2. A menudo terminamos recogiendo animales.

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A veces los clientes no pueden quedarse con un animal o bien no regresan a recogerlo después de la cirugía. Es muy tentador llevárselos a casa «por un tiempo», y esa es la razón por la que una gran cantidad de veterinarios acaban con una colección aleatoria de mascotas con un solo ojo y tres patas.

3. Hacemos bastantes bromas para subir el ánimo.

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Es muy difícil resistirse a ocultar un par de testículos de gato recién amputadas en algún lugar en que tu colega no espere encontrarlas. Como en su taza favorita.

4. A veces nos hacen algunas preguntas realmente taradas.

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«¿Puedes castrarla en lugar de esterilizarla? ¡Es más barato!». A menos que tu perra tenga testículos, entonces no. Esterilizar significa removerle el útero a una mascota. También, a menudo nos preguntan: «¿tengo que llevar a mi mascota a la consulta?». Eh, sí.

5. No podemos evitar cobrar, pero sí tratar de mantener los precios lo más justos posible.

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Sabemos que los veterinarios podemos cobrar mucho a veces, y no nos gusta cobrar por lo que hacemos. Si pudiéramos ayudar a los animales de forma gratuita todos los días lo haríamos, pero tenemos que pagar nuestras cuentas.

6. Aunque a menudo cobramos menos de lo que deberíamos para que puedas pagar el tratamiento necesario para tu mascota.

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Pero nunca te diríamos eso.

7. Hacer dormir a un animal nunca, nunca se nos hace más fácil.

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Nos afligimos por cada animal que perdemos. Por supuesto que no eran parte de nuestra familia, pero a menudo llegamos a conocer a tu mascota (y a ti), así que la pérdida de ellos nos duele también.

8. No dejamos que eso se note, eso sí.

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No podemos: nuestro trabajo más importante es cuidarte a ti y a tus mascotas, y eso significa mantenerse impasible. Que tu veterinario estalle en lágrimas no te hará sentir mejor.

9. Hay partes de nuestro trabajo que nos hacen cuestionar la carrera que elegimos.

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Dueños de perros, ustedes deben saber que el olor de la glándula anal también nos hace sentir náuseas. Simplemente hemos practicado mucho más fingiendo que es algo que no sucede. Téngannos lástima: ustedes pueden irse; nosotros tenemos que conformarnos con el desodorante ambiental.

10. Y nos muerden y rasguñan a cada maldito rato.

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Cuando llevamos a tu mascota que se retuerce a la sala privada para un análisis de sangre o para revisar sus dientes, sabemos que es probable que terminemos con un pedazo menos. Estamos acostumbrados a ello, pero no es exactamente divertido y a veces sentimos que estamos tomando nuestras vidas en nuestras manos.

11. Sabemos cuándo estás distorsionando la realidad.

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Es obvio que aquel tumor no apareció de la noche a la mañana, o que el cepillo de dientes de tu perro salió de la parte trasera del armario por primera vez un par de días antes de la consulta. No somos tontos.

12. Pero también es cierto que realmente intentamos no juzgarte.

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Entendemos que tienes una vida ocupada; la nuestra también lo es. Solo sé honesto sobre tus limitaciones de tiempo o dificultades y así podremos intentar hacer todo lo posible para trabajar de acuerdo a esas limitantes.

13. Viene bien el hecho de saber que tampoco somos perfectos.

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Debes hacer lo que decimos, no lo que hacemos. La mayoría de nosotros hemos olvidado cambiar el agua de nuestra mascota o actualizar sus datos en el microchip. Solo somos humanos, después de todo.

14. Sí que nos enojamos cuando vemos mascotas obesas, eso sí.

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Alimentar a tu mascota hasta que esta pase a estar con exceso de peso NO es amor. Si tuviéramos un dólar por cada propietario que nos dijo que si dejaban de darles bocadillos a sus mascotas estas pensarían que no las amaban, podríamos dejar de cobrar en absoluto.

15. Y a veces el dueño de una mascota realmente te sorprenderá.

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A menudo nos piden dormir a mascotas saludables porque los dueños se van de vacaciones, aunque suelen mentir para ocultar la verdadera razón. Hay una diferencia entre la eutanasia para acabar con el sufrimiento y el asesinato. Nosotros no hacemos esto último.

16. Nunca estamos realmente fuera de servicio.

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Incluso cuando regresamos a casa, nos sentamos y permanecemos preocupados por nuestros casos y los investigamos en Internet. Y eso es cuando no estamos con una llamada en nuestros teléfonos junto a nuestros oídos.

17. Y podemos, y lo hacemos, denunciar a los propietarios a la Sociedad Protectora de Animales.

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Al igual que un médico de cabecera, funcionamos bajo las normas de confidencialidad del cliente, pero si vemos que no tratas bien a tu mascota se nos permite romper esas reglas para proteger al animal.

18. A veces nuestros clientes nos dicen cosas que van mucho más allá de nuestra competencia normal.

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Que un compañero hiera a una mascota a menudo puede tratarse de un signo de abuso doméstico, y si las personas admiten que ese es el caso siempre daremos nuestro mejor esfuerzo para ayudarlos.

19. Algunas de las cosas que tú haces nos hacen reír sin control.

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Aparecerte (o irte) accidentalmente sin tu mascota es definitivamente una de ellas. También lo es el traer jaula, pero habiendo olvidado poner dentro de ella al animal que debería estar allí. Chicos.

20. Y otras cosas son simplemente extrañas.

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Entrar en la sala de consultas, poner a tu mascota sobre la mesa y luego irte no es algo útil. Ella no nos puede decir qué es lo que está mal; tenemos que hablar con un ser humano real.

21. En resumen, nuestros trabajos son como una montaña rusa: emocionales, ajetreados y agotadores.

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Un día típico para un veterinario conlleva trabajar sin parar y agotarse emocionalmente; nos impulsamos con café y (si tenemos mucha suerte) con alguna galleta rápida. Celebramos los días cuando tenemos 10 minutos para sentarnos y comer un sándwich o cocinar una comida adecuada para la cena.

22. Pero, al fin y al cabo, tu gratitud nos mantiene trabajando.

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Ayudar a un animal que tiene una enfermedad difícil y verlo después junto a ti feliz y viviendo la vida al máximo es la mejor sensación del mundo. Saber que lo aprecias es aún mejor: es lo que hace que todos esos días de 14 horas sean soportables

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